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miércoles, 6 de febrero de 2013

Guía de las bestias de África oriental

Se dice que, excepto por El Padrino, las segundas partes nunca han sido buenas. A mí me vale con que sean dignas. Y A Guide to the Beasts of East Africa es digna secuela de la Guía de los pájaros de África oriental.

A finales del pasado año, me lo devoré como había hecho con el primero. El tono ya no resulta tan novedoso ni original, pero la descripción de ciertos aspectos y acontecimientos de Kenia, desde luego, sigue siendo más que acertada.
 
No sigas leyendo si tienes intención de darle una oportunidad. Pero es que, a partir de aquí, no puedo dejar de destacar algunos párrafos, sobre todo del mundo del safari (traducción libre).

jueves, 22 de marzo de 2012

Guía de los "pájaros" de África oriental

Por higiene mental, llevaba una racha sin leer literatura africana, o sobre temática africana, o, simple y llanamente, literatura en inglés. Hasta que, hace unos días, le tomé prestado a mi novia A Guide to the Birds of East Africa (Nicholas Drayson, 2008), que no es una guía ornitológica de la región, sino una de las mejores novelas que he leído en los últimos años. Bien es cierto que, por trabajo, he leído más ensayos que novelas, pero de verdad que merece la pena. Se lee en patada y media y tiene un estilo cómico y diferente. De hecho, creo que me lo voy a comprar para sumarlo a la colección.

Si te fías mínimamente de mi criterio y crees que te lo terminarás leyendo, no sigas con este texto, porque pretendo citar algunos pasajes graciosos. Te dejaré con la sinopsis de la cubierta trasera del libro, a ver si así te pica más el gusanillo. Traducción libre del inglés:  

El reservado y honorable señor Malik.
No llamará su atención en una calle de Nairobi - excepto, quizás, para hacer comentarios sobre su cuidadosamente esculpido peinado- pero bajo su poco atractivo exterior se encuentran un corazón cálido y una pasión secreta. Ni siquiera sus amigos más íntimos lo saben, pero el señor Malik está perdidamente enamorado por la guía del paseo ornitológico matinal de los martes, Rose Mbikwa. 


Poco puede imaginar los obstáculos que le aguardan. A pesar de su intención de invitar a salir a Rose, ladrones, secuestradores y funcionarios corruptos, por no hablar de un rival directo para su conquista, parecen destinados a frustrar posibilidades del señor Malik. 

¿Será derrotado un indio en el corazón de África por los múltiples problemas que se interponen entre él y el deseo de su corazón? ¿O prevalecerán el honor y la decencia? 

Anda, mira, y de casualidad acabo de descubrir que está publicado en castellano bajo bajo el título Un baile en Nairobi.

Si, por el contrario, te chupa un huevo y no te lo piensas leer de ninguna forma, entonces adelante. O cierra esta ventana y dedícate a hacer algo más productivo.


lunes, 13 de febrero de 2012

Informar desde África

Llevaba un tiempo dándole vueltas al asunto, y de repente llegó (hace cosa de dos meses) el cuadernillo, editado por Casa África, Si hablas de nosotros (al que llegué gracias al blog de Aurora). Se trata de varios artículos escritos por periodistas africanos sobre cómo perciben la información que llega a España sobre su continente. Un tema interesante, ya que sirve para reflexionar sobre la calidad del trabajo que uno realiza, ver dónde se flaquea, y tratar de mejorar.

La cosa es que echo en falta, en el texto, que a quienes informamos desde aquí se nos haya dado posibilidad de réplica, ya que contamos con una serie de limitaciones a la hora de informar. La mayor parte -podríamos sintetizar- derivadas de la falta de presupuesto.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Ochenta años con África en la memoria

Hoy se cumplen ochenta años desde que la escritora danesa Karen Blixen llegó a su tierra natal, de vuelta de Kenia. Como mi trabajo está últimamente más aburrido de lo normal, me he escapado de la oficina para hacer una croniquilla sobre el tema, que lo de Memorias de África siempre tiene tirón.

lunes, 16 de mayo de 2011

La peor cita del mundo

Se dice que el ugandés Joseph Kony, el líder del trasnochado Ejército de Resistencia del Señor, combate por crear un país bajo los Diez Mandamientos. Pero, qué carajo, lo hace por dinero. Es por dinero que mutila gente y que secuestra chavales para convertirlos en niños soldado. Es por dinero que viola y que tiene atemorizada a la gente del norte de Uganda y de la vecina República Democrática del Congo. O eso es al menos lo que viene a concluir Jane Bussmann en el divertido The Worst Date Ever.
Ella se fue a Uganda persiguiendo a un pacificador macizo y se encontró con un problema mayor del que podía haber sospechado: hay un auténtico negocio montado en torno a uno de los conflictos más horrendos de esta zona. Y no interesa concluirlo. Sólo a los que sufren las consecuencias, claro.

Toda una hilarante aventura narrada por una de las guionistas de South Park, que pasó de ser periodista del corazón en Hollywood a corresponsal para The Sunday Times en cuestión de semanas. Destriparía el libro si no mereciera la pena.

Sobre Kony y compañía hablé por aquí hace tiempo. Y me compré este libro en Zanzíbar porque olvidé llevarme una lectura vacacional. La cosa es que poco después me ha surgido la oportunidad de viajar a Gulu, a la zona originaria del conflicto (en el norte de Uganda), a intentar enterarme de algo de lo que pasa por allá. Mis amigos me han pasado unos cuantos contactos de gente que trabaja con afectados por el conflicto y que intentan acabar con él. Espero que me aclaren un poco la mermelada que tengo ahora mismo en la cabeza con este asunto. Si lo lograran, prometo contar algo. Estoy seguro de que el viaje merecerá la pena.

miércoles, 27 de abril de 2011

El sueño de África

Lo malo de crearse grandes expectativas es que suelen conducir, de manera casi irremediable, a grandes decepciones. Sobre El sueño de África, de Javier Reverte, había escuchado grandes elogios, que hablaban de uno de los mejores libros de viajes de la literatura española. Supongo que esos parabienes procedían (no tengo muy claro quiénes me lo dijeron) de gente que jamás había estado aquí. O que había estado por un periodo muy breve. Entonces sí, el libro invita -efectivamente- a soñar, porque en nuestro país se sabe más bien poco de este continente, y las profusas descripciones hacen que la imaginación vuele.

Fue ahí donde hallé uno de los problemas con el libro: con las descripciones.

"La atmósfera se había limpiado al atardecer en la bocana del puerto bajo el suave soplo del kakazi, el viento del nordeste. Olía a agua de mar, a salazón caliente. Las formas de los barcos se dibujaban nítidas sobre la superficie quieta y verdosa de aquel brazo de océano encerrado en la rada".

Es una descripción al azar escogida entre las más de diez que me había marcado al leer el libro. En la tercera línea ya está uno de siesta mental. No es de extrañar, por tanto, que Reverte elogie Memorias de África, de Karen Blixen, porque las descripciones de la danesa son evocadoras, sí, pero igualmente soporíferas.

Aunque el primer inconveniente de todos me lo regaló el señor Reverte en el prólogo. Primer párrafo:

"El viaje que relata este libro fue realizado entre los meses de enero y abril de 1992. Los personajes que aparecen en el relato son todos reales, encontrados a lo largo del camino, así como los escenarios seguidos. No obstante, algunas situaciones han sido retocadas con toda deliberación por el autor, de forma tal que, trastocando un poco la realidad, ganase coherencia el relato. A veces hay que acercar lo real a lo imaginario para aproximarse mejor a la verdad".

Mal comienzo.

Luego tropecé reiteradamente con que África tal y África cual, afirmaciones que parecían sacadas de un desternillante texto sobre cómo escribir literatura de éxito sobre el continente. Uno de sus puntos, efectivamente, es tratar a África como si fuera homogénea, como si fuera un solo país, abarcable.

Otro aspecto que me chirrió durante la lectura fue la falta de coherencia: no puedes hablar de la "Ciudad de Piedra" (por "Stone Town", Zanzíbar, Tanzania) y luego escribir sobre "River Road" (que debería haber sido la "Calle del Río", en Nairobi, Kenia) o medir las distancias en pies y pulgadas. Pero quizá sea porque soy un purista asqueroso. No me lo tengan en cuenta.

Dicho esto: me parece un buen resumen de la historia del descubrimiento y la exploración del África oriental por parte de los blancos, sumado a algunos detalles de la historia de los indígenas, pero poco más. Cualquiera que haya pasado unas semanas por aquí sabrá que las situaciones que describe son la vida cotidiana de estas latitudes. Buena preparación del libro, buena documentación (y más teniendo en cuenta que se escribió a principios de los 90), bonito recorrido, pero -me van a perdonar- no he sido capaz de encontrarle gracia alguna.

jueves, 13 de enero de 2011

Sentir la Historia

Contaba el inigualable periodista Tiziano Terzani [ya he hablado de él varias veces por aquí] que, a lo largo de su amplísima carrera como reportero en Asia, había sentido la Historia en varias ocasiones. Consiste, básicamente, en asistir a un acontecimiento histórico de repercusión mundial y, a la vez, ser consciente de su importancia. Recuerdo que lo menciona en El fin es mi principio al hablar de la liberación de Saigón, de la llegada de los comunistas, la unificación del país y, con ello, el final de la Guerra de Vietnam.

En lo poco que llevo vivido he tenido varias oportunidades de sentirlo, aunque no todas de manera presencial. La televisión en directo ha tenido mucho que ver en esto. A saber: la caída del Muro, cuando contaba 6 años. Muchos años más tarde, veíamos por la tele el 11-S. Recuerdo que mi hermana se echaba las manos a la cabeza, mientras mi padre no dejaba de repetir "la que se va a armar". Ellos, en aquel momento, y a pesar de encontrarse en el extremo opuesto del Atlántico, sintieron la Historia.

Más adelante, ya sí, fui consciente de otros acontecimientos: el 11 de marzo de 2004 estaba en Madrid, estuve en Pekín durante los Juegos Olímpicos de 2008 -en lo que muchos consideraban la presentación en sociedad (internacional) de la nueva China-, estaba en Johannesburgo en el primer mundial de fútbol en suelo africano y el primero que ganó mi país... Pero no considero -aún quizá sea pronto para saberlo- que sean acontecimientos que viraran los designios del planeta.

El haber estado en Sudán del Sur durante el inicio del referéndum secesionista quizá haya sido el momento en el que más he percibido que pasaba algo grande...

El historiador austríaco Stefan Zweig, en una de sus obras maestras, Momentos estelares de la Humanidad [altamente recomendable], destaca catorce situaciones que fueron punto de inflexión histórica. El asesinato de Cicerón, la toma de Constantinopla, el descubrimiento del océano Pacífico, la composición de El Mesías de Haendel, la composición de La Marsellesa, la batalla de Waterloo...

Pero Zweig murió en 1942. Mientras leía el libro me preguntaba cuáles serían los momentos históricos que habría reseñado desde entonces, de haber vivido hasta nuestros días. Ahí va mi lista:

1- La primera detonación de la bomba atómica y el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945).
2- La muerte de Ghandi y la unificación de la India (1947-48).
3- La Revolución Comunista en China (1949).
4- The Beatles edita su primer disco, Please Please Me (1963).
5- La llegada del hombre a la Luna (1969).
6- La caída de Saigón y el fin de la Guerra de Vietnam (1975).
7- La Revolución Islámica (1979).
8- El asesinato de John Lennon (1980).
9- La primera temporada de Michael Jordan en la NBA (1984. Inicio del deporte espectáculo).
10- La Mano de Dios de Maradona (1986. Internacionalización del deporte espectáculo).
11- La Caída del Muro de Berlín (1989).
12- La invención de Internet (entre 1989 y 1991, no lo tengo claro).
13- El 11-S (2001).

La lista -seguro- está incompleta. Toda sugerencia es bienvenida...

martes, 4 de enero de 2011

Apuntes sursudaneses

Que digo yo que, yéndome a Juba mañana, ya podría ponerme las pilas con el asunto del referéndum de independencia de Sur Sudán del día 9. Por eso, mi lectura navideña ha sido Las causas originarias de las guerras civiles de Sudán, de Douglas Johnson. ¿Podría haber optado por uno de Eduardo Mendoza, para echarme unas risas? Pues sí, también. Pero el texto de Johnson, a pesar de lo que pueda sugerir el título, no es tan coñazo.

El conflicto eterno entre el norte y el sur de Sudán suele explicarse en dos párrafos como el norte musulmán enfrentado al sur negro, cristiano y animista. Cualquiera con medio dedo de frente puede imaginar que tal descripción es una simplificación hasta exagerada.

Para intentar comprender un poco mejor lo que por allí pasa, ahí van algunos extractos del libro (traducción libre):

"No sólo son musulmanes contra musulmanes, sino también 'africanos' contra 'africanos'. La guerra que una vez se describió como por el control de los escasos recursos ahora se ha cambiado por las abundantes reservas petrolíferas [del sur]".

"El animismo, tal y como se entiende ahora -una creencia en un mundo natural animado por espíritus supranaturales- no tiene seguidores en el sur, hogar de muchas religiones marcadamente teísticas".

"Hay una paradoja en Sudán: el territorio con más recursos naturales y más terreno cultivable [el sur] es el que menos desarrollado está. Esto se debe a una combinación de negligencia colonial y antiguas prácticas de explotación".

"La paradoja última de la independencia de Sudán es que aconteció bajo el empuje de un potencia colonial [Reino Unido] que quería desentenderse de sus responsabilidades residuales. No se consiguió a través de un consenso nacional expresado mediante métodos democráticos. Esta práctica sentó un precedente que ha rondado a la política sudanesa desde entonces: el de dar por sentada la voluntad popular y burlar los procedimientos legales acordados en todos los principales temas constitucionales".

"Pasa con el agua lo mismo que con el petróleo: Jartum [capital de Sudán, en el norte] demostró una vez más que lo que le preocupa es extraer los recursos del sur, sin que esto sirva para desarrollar la región. Una actitud más acorde con con la explotación interna de los viejos estados sudaneses que con la moderna construcción de una nación".

"Jartum ha sido más habil en manipular a su favor los eventos internacionales. [...] La habilidad del Gobierno [de Jartum] para abrir las explotaciones petrolíferas durante el periodo de la 'paz desde dentro' llevó a un marcado cambio de actitud de muchos gobiernos occidentales, en especial la Unión Europea, que estaba deseando hacer negocios con Jartum a pesar de su historial en materia de derechos humanos o de asociación con el terrorismo".

"La independencia del sur, por sí sola, no resolverá otros problemas con regiones que son aún parte del conflicto. [...] Existe el riesgo de que la nueva agenda internacional [surgida tras el 11-S] lleve a los nuevos actores a ignorar la cantidad de temas que han alimentado las recurrentes guerras civiles".

" [...] Sólo cuando la independencia del sur sea una opción real, el norte tendrá que elegir forzosamente lo que quiere: unidad o un estado islámico".


Pero estos factores son sólo pinceladas que están sobre el papel. Seguro que sobre el terreno hay otras tantas historias, percepciones y variables que, como siempre, no cabrán en ningún medio.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

China en África (y II)

El otro día me terminé China en África: Pekín a la conquista del continente africano y, como prometí, tenía que contar algo de un tema que le chupa un huevo a todo el mundo pero que a mí me seduce. Vale, sí, por manido que esté.

Así, en plan resumidito (imagino que ahora con los polvorones estas cosas se atragantan más fácilmente):

China no es un país democrático, por lo que no piden reformas en ese sentido a los países en los que invierten. No condicionan su ayuda a que el Gobierno del país de turno cambie esto o aquello. Sabido es que los chinos (el Ejecutivo, al menos) son de un puntilloso que no veas con las injerencias extranjeras, por lo que -teóricamente- no las practican en África. Claro que escarbando un poco se ve que tienen untados a muchos peces gordos de la zona para que les caigan contratos. Y otros beneficios de dudosa legalidad, como permisos especiales de circulación.

Contratos que, de todos modos, les llueven, porque desde que el Banco Mundial (creo recordar que fue el BM y no el FMI) normalizó las licitaciones públicas, el país asiático gana los concursos por goleada. Mientras las empresas occidentales prefieren alojar a sus trabajadores en urbanizaciones, los chinos duermen en campamentos de mierda, con lo que revientan los costes. Una misma obra puede costar 200 millones de dólares si la realiza una empresa israelí o francesa, o la mitad, si la hacen los chinos, me contaba el otro día en Kampala el portavoz de la Autoridad Nacional de Carreteras de Uganda.

¿Integración con los locales? Por lo visto, preguntado e indagado, nada de nada. Se comunican por lenguaje de signos porque casi ninguno sabe inglés. Ni a los chinos les gusta la comida local, ni a los africanos la comida china, y pasa lo mismo con la música. O con las mujeres. ¿Os gustan las africanas? "¡No! ¡Sólo las chinas!", se apresuraron a decirme la semana pasada unos ingenieros chinos en una obra.

En fin, que es cuestión de dinero y punto. La conclusión general me la podía imaginar, pero por el camino me he encontrado con una serie de puntos interesantes. Como que las empresas chinas importan sus propios trabajadores (algunos de los cuales son prisioneros). Este factor hace que la población local tenga carreteras baratas, pero no trabajo, con lo cual no podrán comprarse un vehículo con el que desplazarse por ellas. China, mientras tanto, crea empleo y riqueza.

El tema, de verdad de la buena, es una auténtica mina.

jueves, 7 de octubre de 2010

Esperando un Nobel bajo un árbol

Al día siguiente fallaban el Premio Nobel de Literatura y el keniano Ngugi wa Thiongo (de quien si dijera que sabía quién era antes de ayer, mentiría) apuntaba al galardón.

El candidato vive en Estados Unidos, donde trabaja como profesor en la Universidad de California, y los periodistas de la zona teníamos crudo conseguir una entrevista con él, a pesar de que su secretaria se había mostrado muy amable por correo electrónico. Básicamente, si Ngugi ganaba el Nobel, estábamos jodidos.

A última hora del día previo, cuando estábamos intentando agotar todos los recursos disponibles para salvar dignamente el set, me llama el corresponsal de ABC en Nairobi, Eduardo Molano, (pongo el nombre completo y los títulos, que si no me llora) y me propone un plan que, como fan incondicional de las ideas peregrinas, no puedo rechazar: irnos los dos al pueblo natal del escritor, no muy lejos de Nairobi, y esperar el fallo de la Academia Sueca con su familia. O con quien le conozca en la zona.

La mañana siguiente, es decir, esta mañana, nos ponemos en marcha. Una hora de matatu después, llegamos a Limuru, en donde optamos por subirnos los dos apretaditos, junto al conductor, en una moto que nos lleva hasta Kamirithu, la pedanía en la que está la residencia familiar del escritor.


Nadie responde desde la puerta, así que nos adentramos en la casa. Oscura, sucia, semiabandonada. Pero a la vez espaciosa, como si ya hubiera pasado su época de esplendor.

"¡Hola!", saluda al fin alguien saliendo de una de las dependencias. Nos presentamos. "¿Ha ganado?", nos pregunta, cuando aún faltan dos horas para conocer el nombre del vencedor. Es el hijo de Ngugi. Edu y yo estamos a punto de mearnos encima. Nos atenderá, sí, pero tiene que terminar unas cosas, así que nos pide un tiempo, que aprovechamos para salir a hablar con los vecinos.

Los hay que piden dinero por hablar con nosotros, los hay que no hablan, los hay que sólo hablan suajili y, por fin, alguno que habla inglés gratis. No saben leer, por lo que no se han leído ninguna de las obras de su vecino, pero cuentan -o inventan, quizá- maravillas sobre el personaje.

Queda media hora para saber el premiado y Tee Ngugi, que es como se llama el mayor de los ocho hijos del novelista, sale al jardín de la casa para seguir con nosotros la cuenta atrás. Nos acomodamos bajo un árbol y comenzamos a bombardearle a preguntas hasta que la cuenta atrás de la web de los Premios Nobel llega a cero. Y mi conexión muere justo cuando la página se está actualizando con el nombre del ganador. Un gallo canta dentro de la casa y lo tomamos por una señal de victoria, pero pronto recibimos la fatídica noticia: Vargas Llosa es el nombre elegido. Edu y yo nos quedamos con la misma cara que Tee.


Pero volvemos a Nairobi saboreando una dulce derrota. Ahora, de hecho, hemos quedado para brindar por ella.

domingo, 19 de septiembre de 2010

La sombra del Sol

He vivido unos cuantos años en África. Fui allí por primera vez en 1957. Luego, a lo largo de cuarenta años, he vuelto cada vez que se me presentaba la ocasión. Viajé mucho. Siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes, la gran política. Todo lo contrario: prefería subirme a camiones encontrados por casualidad, recorrer el desierto con los nómadas y ser huésped de los campesinos de la sabana tropical. Su vida es un martirio, un tormento que, sin embargo, soportan con una tenacidad y un ánimo asombrosos.
De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellos y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos "Áfirca". En realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.



Es el inequívoco comienzo de Ébano, de Ryszard Kapuscinski. Es la tercera vez en seis años que saboreo sus páginas, pero en esta ocasión lo leo con otros ojos. Ahora, aunque sea tan sólo en una millonésima parte, creo entender lo que dice.