martes, 18 de diciembre de 2012

Kenianas: Emmy

Emmy lleva peluca. Como casi todas las mujeres acá. Pero se la cubre al vestirse de criada cuando trabaja en casa del señor Tamura. Emmy tiene luz, agua, retrete y ducha en su casa, que, además, es de cemento y no de chapa y uralita. Emmy tiene casi 38 años. "Aunque en mi carné de identidad pone que nací en 1976". Sabe que no merece la pena perderse en la burocracia keniana para enmendar la errata. Emmy es una de las kenianas más simpáticas que he conocido.

Emmy viene de un pueblo del oeste keniano, de Chirangani. Es de la tribu kalenjin, como los corredores más reputados de Kenia. Se parte de risa cuando le cuento que "una tienda de ropa de Europa ha dedicado a su tribu, la de los mejores corredores, su marca de atletismo". Emmy tiene a sus dos hijos en el pueblo. Emmy no tiene marido. Emmy habla tres idiomas.

Emmy ha sido mi señora de la limpieza desde marzo de 2011. Viene a casa una vez por semana, los domingos, en su día libre, para ganar algo de dinero extra que mandar a su familia. El señor Tamura, un japonés afincado en Kenia desde los setenta, la aloja en una casa bajo la suya, y le cubre los gastos de agua y electricidad. Emmy sabe que si tuviera que vivir en una barriada chabolista (como muchos inmigrantes rurales que llegan a Nairobi a probar suerte) su casa no tendría ninguna de esas comodidades que en el oasis europeo damos por descontadas. Emmy trabaja unas doce horas al día, por lo que cobra -dice ella- 7.500 chelines kenianos al mes, unos 70 euros. Con eso tiene que comer, lavarse y enviar dinero a su familia. Ahora, su padre tiene malaria.


Emmy llegó a Nairobi en 1996, a ver a un primo suyo que trabajaba en correos. Alguien le comentó que un blanco necesitaba un empleado, y así hasta ahora, como señora de la limpieza. Le pregunto si le gusta su trabajo, y responde que sí, que este trabajo la ha salvado y que le permite cuidar de sus hijos.

Su hijo mayor, de 22 años, se llama Collins, como el diccionario. El pequeño, Norbert, tiene 17. Una cuenta rápida descubre la edad a la que Emmy dio a luz por primera vez: "Estudié ocho años en la escuela primaria, empecé secundaria, pero con 15 años me quedé embarazada. Dos años después, volví al colegio, pero no lo terminé porque me volví a quedar preñada". Es la historia de infinidad de niñas.

Le pregunto por el padre de sus hijos y automáticamente baja la cabeza, borra la sonrisa y aprieta los labios. Baja la voz para hablar de su vida más íntima. "Era el novio de una amiga. Tampoco se casó con ella, sino con otra". No quiere dar más detalles (y no es plan de insistir) pero, por lo que cuenta, aquella experiencia la dejó marcada. Admite que ahora tiene un novio, pero tampoco le da mucha importancia, porque dice que no se fía de los hombres.

También admite que no tiene muchos amigos en Nairobi y que las amistades provienen en su mayoría de la iglesia (anglicana) a la que asiste. Añora la vida del pueblo, a sus padres, a sus hijos. El mayor no quiere seguir estudiando, y cuida de la shamba de Emmy, del huerto en el que se cultivan alimentos para la subsistencia familiar y, si hay suerte, para la venta en el mercado. Emmy querría poder comprarle una shamba a cada uno de sus hijos. Cuando le pregunto qué trabajo le gustaría desempeñar para poder cumplir ese sueño, no sabe concretar: "Algún negocio que me dé dinero..." Más tarde, añade: "Quiero que el futuro de mis hijos sea bueno, no como el mío".

Ahora tiene 15 días de vacaciones, porque el señor Tamura se ha ido a Japón. Emmy no pierde un minuto para volver a Chirangani, con su familia.

Emmy me dio hace poco un susto de muerte: me dijo que volvía al pueblo unos días para sacrificar a su hijo. "¿¡Sacrificar!?" - pregunté horrorizado. Su hijo Norbert, el de 17 años, estaba a punto de someterse al rito de iniciación: le iban a cir-cun-ci-dar.



* El pasado mes de agosto, mientras una buena amiga estaba de visita en Kenia, me preguntó por qué en el blog nunca contaba historias de mujeres. Puede que la gente tenga una imagen muy general de cómo es la vida de una mujer aquí, o que nunca se lo haya planteado. Pero, a pesar de tener todavía poca presencia al frente de empresas o multinacionales, las mujeres son, de largo, quienes manejan y mejoran una empresa más a ras de suelo, más importante que un gobierno. Una empresa esencial: la familia. Conozco muchos -muchos- kenianos holgazanes, caraduras, aprovechados y pedigüeños. Se les ve fácilmente por la calle. Pero identificar una mujer que no dé un palo al agua es más complicado. Arrestos no les faltan. Emmy será sólo la primera de una serie sobre mujeres que, en los próximos meses, iré ampliando.

2 comentarios:

Alfonso Carlos Chíncaro Egúsquiza dijo...

Hola, me gustaría comentar como un conocedor, pero no es así. Buscaba noticias de Sudán del Sur y me encontré con tu blog sobre el África. El tono amistoso en que lo escribes y el tema tan poco cubierto en las páginas que suelo leer me atrajeron a buscar más notas. Esta nota me gustó mucho. Hay mucho drama y cotidianeidad al mismo tiempo. Solo escribo para desear felicidad a Emmy y que sus ideas tengan éxito. Gracias.
Desde Perú, Alfonso Chíncaro.

Javier Triana dijo...

Gracias por el comentario, Alfonso. Por aquí estaremos contando cosillas así, para cuando desees pasarte. Saludos!