Recuerdo el hangar que hacía de aeropuerto en Juba. Recuerdo las riadas de gente que llegábamos, entusiasmados en mayor o menor medida, para el referéndum de independencia. Recuerdo el calor asfixiante, los ventiladores estropeados y los mosquitos impertinentes.
Recuerdo que perdí las gafas de sol y pasé sin ellas una semana, y viajando en moto, en el desierto. Porque la que después se convertiría en capital del independiente Sudán del Sur está en medio de una zona desértica, por mucho Nilo que la mime.
Por la gracia de la Wikipedia (que a las 00:06 de hoy, hora local, ya tenía la entrada lista -sí, he estado actualizando la entrada hasta que ha salido la nueva, no hagas comentarios-) ya existe la República de Sudán del Sur. Google maps está tardando ya en dibujar la nueva frontera.
El mapa...
...que está en esta parte del mundo
La bandera...
El escudo... El escudo en versión chaval de primaria, pero en cualquier caso mejor que el anterior...
No me jodas, hombre. Un rinoceronte de pié y un marabú. Porque es no es un picozapato, seamos serios...
Y agárrense los machos, que viene el himno:
Y la capital, Juba, en una vista aérea en 2006 (un año después del fin de una guerra de dos décadas con el norte que acabó con unos 2,5 millones de vidas):
Y... cuando la conocí yo, en enero de 2011, era ligeramente distinta, aunque varios amigos me han asegurado que han construido mucho. Será interesante ver los cambios la próxima vez que caiga por allá...
Quizá para entonces ya circule la nueva moneda -todo apunta a que usarán la libra sursudanesa- y se marque otro prefijo telefónico ue no sea el +249. Y, por favor, que los medios españoles se aclaren de una maldita vez con el gentilicio: sursudanés. ¿Acaso no se dice surcoreano? Cada vez que leo sudanés del sur me da un mal [deformación profesional, debe de ser].
Sudán del Sur lo componen unos 9 millones de personas que viven en una extensión similar a la de la península Ibérica. Un informe que leí hace meses (y que ahora no encuentro) señalaba que, bien cultivado, su terreno podría producir suficiente comida como para alimentar al resto del continente.
Sin embargo, el negocio del petróleo será seguramente el que decida muy buena parte del PIB. Los pozos petrolíferos de la conflictiva región petrolera fronteriza de Abyei y alrededores serán, quizá a partes iguales, motivo de alegría y de desgracia. Todos quieren sacar tajada de ellos y Sudán del Sur se está frotando las manos. Probablemente, ganen los de siempre.
Pero, qué carajo, que hoy es día de celebraciones... Y no sólo en Sudán del Sur, sino también en Argelia, que al dividirse Sudán se ha convertido en el país más extenso de África.
En enero, cuando los sursudaneses votaron en referéndum si se separaban del norte, había gigantescas cuentas atrás distribuidas por Juba, la capital del [casi casi] nuevo Estado. No sé si en esta ocasión, cuando quedan apenas horas para que nazca el nuevo país, la República de Sudán del Sur, han repetido la experiencia. Lo que sí se puede ver -aún estando en Nairobi, rabiando por no poder asistir mañana a la declaración de independencia- es la euforia desatada, en forma de celebraciones televisadas, mensajes de nervios y esperanza que los amigos sursudaneses cuelgan en las redes sociales o artículos publicados por la prensa regional.
"El campo de fútbol es un patatal, el portero de la selección nacional tiene que largar del fondo de la red a las famélicas cabras y el combinado de baloncesto entrena en el patio de una escuela de niñas.
Aunque Sudán del Sur no tiene aún un historial deportivo reconocido, sus selecciones reflejan las esperanzas y los sueños del que está a punto de convertirse en el país más nuevo del planeta"...
Sin embargo, a pesar de toda la épica y el momento de especial emoción, muchos nos tememos que va a ser lo de siempre: un nuevo estado... corrupto, con la mayoría de la población en la miseria. Gado, el genial viñetista del Nation Group -la empresa periodística más importante de África occidental- lo reflejaba de manera descorazonadora ayer en el Daily Nation:
"Así que a eso se referían con lo de empezar de cero..."
Y de regalo lo que, de momento, he visto que mis amigos han publicado desde Juba: José Miguel Calatayud, en El País (I y II).
Las vacaciones y la resaca vacacional me están pasando factura y me da una pereza especial retomar el blog. Pero voy a hacer un esfuerzo porque, al fin y al cabo, me lo paso bien contando tonterías por aquí. Seguramente las próximas entradas sean poco más que fotos de los nuevos descubrimientos de estos días y pajas mentales varias. Quizá incluso retorne a Uganda, que era de lo último que hablaba antes de marcharme, ya hace casi un mes.
Por ahora, resumo un poco cómo ha estado la zona en este tiempo de ausencia:
Aprovechando la excusa de los resultados, escribo una historia sursudanesa -una visita a la prisión de Juba, capital de la región- que no me gustaría condenar al olvido:
En la cárcel de Juba no existen las esposas. Así que los reclusos van de la mano de los guardas. La puerta del patio, en el que los presos juegan a fútbol, está medio abierta. Una verja metálica, negra, enorme. Fuera, una legión de vigilantes fuma, juega a las cartas o, simplemente, dormita a la sombra. El letargo es consecuencia de los trescientos ventisiete mil grados que el Sol proyecta sobre este rincón del planeta.
El funcionario que me han asignado para la visita se llama Robert. Nada más flanquear la entrada, me lleva al primer pabellón a la izquierda: condenados a muerte. En el patio de esta sección, los convictos manosean una baraja sentados en un el suelo de tierra. Sus ridículas celdas muestran apenas un colchón y una manta para dormir. "En estas celdas duermen 3 ó 4 personas", explica Robert, a lo que los presos, atentos a la conversación, calman: "¡Más bien 4 y 5 personas!" La escena es de traca.
Es sólo curiosidad y no interés morboso. No lo puedo reprimir y, una vez fuera, le pregunto cómo ejecutan a los condenados a muerte. Robert saluda a un oficial, luego a otros periodistas extranjeros que también están de visita, y elude responder. En la sección de menores está un chaval de 13 años que mató a sus padres. Hay muchos edificios que están siendo renovados, como la nave que hace de iglesia... o de mezquita, según convenga. No me explico cómo pueden patear un balón bajo el calor asfixiante de la mañana. Salimos de la sección masculina y nos dirigimos hacia la cárcel de mujeres. "¿Cómo los ejecutan?", insisto, pero cruza un director de nosequé que sirve de excusa para ignorar mi pregunta. La repito y lanza una respuesta inconclusa. Me quedo igual.
En la zona de mujeres está la cocina, pero en ella trabajan los hombres, cuenta Robert. Saluda efusivamente a una anciana con grilletes en los pies. "Mató a su marido con un cuchillo", me dice en inglés. Yo me conformo con darle la mano.
Nos dirigimos a la salida. Casi en la puerta, y sin que yo diga nada, Robert espeta: "Les cuelgan". No soy capaz de responder, así que me limito a agradecerle su tiempo y pedirle su teléfono. Una vez fuera del recinto de reclusión, en el colegio electoral de la cárcel -porque aquí los presos también votan-, el jefe de área comenta desesperanzado: "Quedan unas setenta personas por votar, pero es que en estos días han liberado a algunos prisioneros... y no han vuelto para votar". A estas alturas, ya sabiendo los resultados del plebiscito, estarán gozando de su libertad. En todos los sentidos.
* Necesitaba un permiso especial para hacer fotos. Como no pude tramitarlo en el momento, he tomado prestada la imagen de aquí.
Larga espera (algunos han pasado allí toda la noche)
Ellas
Ellos
Un freak pro-secesión
El presidente del Gobierno de Sudán del Sur, Salva Kiir, el primero en votar
George, what else?
También Kerry se apuntó al sarao... y le asaltó una polémica (y chiflada) ex soldado sursudanesa, Jamila Aguil, que le soltó un rollo de cuidao. Terminó diciendo: "Mr Kerry, thanks for Barack Obama". Descojono generalizado alrededor.
Vota que te vota
* Es sólo el primer día de votaciones en el referéndum de independencia de Sudán del Sur. Es probable que se prolonguen hasta el 15 de enero.
Llevo casi cuatro días en Juba, la capital de Sur Sudán (o Sudán del Sur, denominación que parece imponerse en castellano). No sé quién decidió ponerle Sudán a este país, pero no le falta razón: hace un calor de pelotas.
Juba es una ciudad fea, sucia y muy cara. Menos mal que la amabilidad de los locales -aumentada por la euforia pre-referéndum- hace los días más llevaderos.
Mañana es el día D, cuando 3,9 millones de sursudaneses empezarán a votar en un referéndum que podría (y, probablemente, lo hará) desembocar en la independencia del sur. La cuenta atrás ha llegado al ansiado final y esta noche hay celebraciones que no pensamos perdernos.
Que digo yo que, yéndome a Juba mañana, ya podría ponerme las pilas con el asunto del referéndum de independencia de Sur Sudán del día 9. Por eso, mi lectura navideña ha sido Las causas originarias de las guerras civiles de Sudán, de Douglas Johnson. ¿Podría haber optado por uno de Eduardo Mendoza, para echarme unas risas? Pues sí, también. Pero el texto de Johnson, a pesar de lo que pueda sugerir el título, no es tan coñazo.
El conflicto eterno entre el norte y el sur de Sudán suele explicarse en dos párrafos como el norte musulmán enfrentado al sur negro, cristiano y animista. Cualquiera con medio dedo de frente puede imaginar que tal descripción es una simplificación hasta exagerada.
Para intentar comprender un poco mejor lo que por allí pasa, ahí van algunos extractos del libro (traducción libre):
"No sólo son musulmanes contra musulmanes, sino también 'africanos' contra 'africanos'. La guerra que una vez se describió como por el control de los escasos recursos ahora se ha cambiado por las abundantes reservas petrolíferas[del sur]".
"El animismo, tal y como se entiende ahora -una creencia en un mundo natural animado por espíritus supranaturales- no tiene seguidores en el sur, hogar de muchas religiones marcadamente teísticas".
"Hay una paradoja en Sudán: el territorio con más recursos naturales y más terreno cultivable [el sur] es el que menos desarrollado está. Esto se debe a una combinación de negligencia colonial y antiguas prácticas de explotación".
"La paradoja última de la independencia de Sudán es que aconteció bajo el empuje de un potencia colonial [Reino Unido] que quería desentenderse de sus responsabilidades residuales. No se consiguió a través de un consenso nacional expresado mediante métodos democráticos. Esta práctica sentó un precedente que ha rondado a la política sudanesa desde entonces: el de dar por sentada la voluntad popular y burlar los procedimientos legales acordados en todos los principales temas constitucionales".
"Pasa con el agua lo mismo que con el petróleo: Jartum [capital de Sudán, en el norte] demostró una vez más que lo que le preocupa es extraer los recursos del sur, sin que esto sirva para desarrollar la región. Una actitud más acorde con con la explotación interna de los viejos estados sudaneses que con la moderna construcción de una nación".
"Jartum ha sido más habil en manipular a su favor los eventos internacionales. [...] La habilidad del Gobierno [de Jartum] para abrir las explotaciones petrolíferas durante el periodo de la 'paz desde dentro' llevó a un marcado cambio de actitud de muchos gobiernos occidentales, en especial la Unión Europea, que estaba deseando hacer negocios con Jartum a pesar de su historial en materia de derechos humanos o de asociación con el terrorismo".
"La independencia del sur, por sí sola, no resolverá otros problemas con regiones que son aún parte del conflicto. [...] Existe el riesgo de que la nueva agenda internacional [surgida tras el 11-S] lleve a los nuevos actores a ignorar la cantidad de temas que han alimentado las recurrentes guerras civiles".
" [...] Sólo cuando la independencia del sur sea una opción real, el norte tendrá que elegir forzosamente lo que quiere: unidad o un estado islámico".
Pero estos factores son sólo pinceladas que están sobre el papel. Seguro que sobre el terreno hay otras tantas historias, percepciones y variables que, como siempre, no cabrán en ningún medio.
Pero yo me quedo con la celebración de 50 años de la independencia de varios países. Como para la entrada anterior, echo mano de amigos para solucionar la papeleta. Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia, hizo una excelente serie sobre este tema. Quien quiera leerlos, dejo aquí los enlaces: Ghana (aunque se independizó en 1957, el primer país colonizado en el África subsahariana en obtenerlo), Senegal, Mali, Níger, Burkina Faso, Togo, Costa de Marfil (parte II), Benín (parte II), Nigeria y Mauritania. Lleva un tiempo, pero merece sobradamente la pena.