Ahora que tenemos a España eufórica con esto de la Eurocopa de fútbol (a pesar de que, sospechosamente al mismo tiempo de la semifinal, se anuncien medidas que nos desmontan el Estado de bienestar en un plis), quizá no sea mal momento para hablar de las venturas y desventuras del fútbol de esta parte del planeta. Además, el otro día me terminé Historias del calcio, de Enric González, y ando con ganas de contar batillitas balompédicas, que algún poso tuvo que dejar aquello de haber trabajado en la MAFIA FIFA. Y ambas circunstancias me sirven de perfecta excusa para dar salida a un post que lleva cogiendo ciberpolvo unos cuantos meses.
Llevamos décadas oyendo eso de que el fútbol africano está en ascenso, de que hay futuro en el balompié del continente (sobre futuro y esperanza en África hablaré en otra entrada, porque da para una tesis), pero el caso es que sus equipos no terminan de despegar. Individuos excepcionales, si es caso. Lo cual es extrapolable a ciertos aspectos de la vida cotidiana de algunas zonas.
Llevamos décadas oyendo eso de que el fútbol africano está en ascenso, de que hay futuro en el balompié del continente (sobre futuro y esperanza en África hablaré en otra entrada, porque da para una tesis), pero el caso es que sus equipos no terminan de despegar. Individuos excepcionales, si es caso. Lo cual es extrapolable a ciertos aspectos de la vida cotidiana de algunas zonas.