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jueves, 12 de marzo de 2015

Basura comida


Jessica Padilla y su sobrina, seleccionando pagpag en su chabola del Santo Niño, en Tondo (Manila). Foto: Álvaro Barrantes.

Danilo Valdra sobrevive vendiendo lo que tenga a su alcance. La chabola que habita en los arrabales de Manila apenas suma dos metros de lado. Es de madera, chapa y lona. Las calles de su favela, de barro. Cuando llega del mercado y abre la puerta de su hogar, su mujer le espera sentada en la estructura de madera que hace de cama. Tiene la mirada cansada y la pierna derecha amputada por debajo de la rodilla debido a complicaciones de una diabetes que no se puede permitir tratar.

viernes, 13 de febrero de 2015

01:05:12. Una carrera de fondo




Tras muchos meses de trabajo, mucha ilusión y mucho esfuerzo derrochado, tras muchas alegrías y algún que otro disgusto, este sábado 14 de febrero se presenta en Barcelona el documental 01:05:12. Una carrera de fondo, realizado junto al compañero y amigo Rubén San Bruno.

Será en la Librería Altaïr a las doce del mediodía. La proyección es un día antes de la Mitja Maratò de Barcelona, por lo que no es descartable que alguna de las ilustres participantes estén presentes.

¿Te lo vas a perder?

jueves, 18 de diciembre de 2014

"Para frenar el cambio climático hay que combatir la pobreza"



El pasado año, Yeb Saño saltó a la fama mundial sin querer: días después de que Haiyán, el tifón más potente jamás registrado, arrasara su Filipinas natal, Saño rompió a llorar en la cumbre del clima de Varsovia, en medio de un emotivo discurso en el que pedía acción inmediata para contrarrestar los efectos del cambio climático. Ahora afronta la nueva cumbre del clima de la ONU, en Lima, [concluida el pasado domingo con el enésimo acuerdo decepcionante] con un cierto desánimo en lo relativo a la efectividad de estas reuniones. El comisario filipino de Cambio Climático quiere compromisos y puestas en práctica reales. “Retrasar más las actuaciones en este campo es condenar a las poblaciones más vulnerables”, asegura.

jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Un modelo sostenible?

Escena callejera en la barriada de Tondo, Manila. Fotazo de Nacho Hernández.

“Tenemos que sacar del armario la cuestión del crecimiento de la población. Todos tenemos que ser responsables en nuestra vida y tomar decisiones éticas. Cada persona puede marcar diferencias cada día”. La menuda y reputada naturalista Jane Goodall irrumpió en la cumbre del clima de la ONU de hace tres años con poderosas palabras y voz suave. Goodall, mundialmente famosa por su trabajo con chimpancés, relacionó con lógica aplastante el cambio climático con la pérdida de las selvas, y ésta, a su vez, con la tala para lograr alimentos para una población mundial cada vez mayor. “Los bosques y los océanos no dan de sí para satisfacer a 7.000 millones de personas", la secundó en el mismo evento el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Cien bebés al día

Maternidad del Hsopital Memorial José Fabella de Manila. Foto: Nacho Hernández.
 
Si la esquizofrenia fuera un lugar, es probable que se tratara del Hospital Memorial José Fabella. Ubicado en Manila, es considerada la maternidad más ajetreada del mundo. Llantos de bebés se trenzan con la estridente megafonía, docenas de enfermeras que no paran de circular y un calor asfixiante y húmedo apenas atenuado por unos ventiladores donados por una escuela china de la capital filipina. 

lunes, 20 de octubre de 2014

Jokowi y el poder del metal




Ciber-mírenme a los ojos y díganme si no les gustaría que un tipo así fuera el jefe de Estado de su país. Joko Widodo, Jokowi para los amigos, fue proclamado ganador de las elecciones presidenciales de Indonesia del 9 de julio. Hoy es investido presidente ¿Quién es el señor que ahora se hará cargo de la economía más potente del sudeste asiático? ¿A qué se enfrenta este amante del heavy-metal?
A continuación, un resumen de la situación.

domingo, 28 de septiembre de 2014

De la lanza al bate



Memusi Ole Ngais aparece al final del camino a lomos de una bicicleta de montaña. Se ha vestido para la ocasión: una manta roja maasai recubre su cuerpo, y abalorios de colores, el cuello y el pelo. Saluda amablemente y pregunta si ha sido fácil encontrar Endana, y lo cierto es que ha hecho falta una hora de moto por caminos casi invisibles en medio de una planicie habitada por humanos y fauna a partes iguales. Es su enlace cotidiano con la civilización, representada en este caso en forma de asfalto.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Filipinas, país de canastas

Un filipino penetra a canasta de manera acrobática en la cancha del Cementerio Sur de Manila. Falló el tiro

Imagine un país en el que todos y cada uno de sus habitantes veneraran a Michael Jordan como si fuera el último profeta. Imagine que en ese país hubiera improvisadas canchas de baloncesto a la vuelta de cada esquina. Imagine que la estatura media de los moradores de ese paraíso baloncestístico fuera uno sesenta, y que la forma más extendida de practicar el divino deporte fuera bien en chanclas, bien descalzos. Imagine que hubiera niños llamados Kobe Bryant del Campo. ¿Ficción? ¡Bienvenido a Filipinas!

martes, 2 de septiembre de 2014

Nadadores sin fronteras


Aunque muy dado a la risión, el antirécord olímpico de Eric Moussambani en Sidney no fue sino la muestra de una trágica realidad africana. “Aprendí a nadar leyendo libros y preguntando y así. Y la gente me decía que tenía que mover las piernas y los brazos de manera sincronizada”, explica el nadador ecuatoguineano. “Los únicos que sabían nadar entonces en mi país eran los pescadores. Pero no nadar en el sentido profesional, sino simplemente nadar como para no ahogarse. Flotar”.

lunes, 12 de mayo de 2014

Late Tacloban


En Tacloban, los buenos días se dan en un código morse de martillazos. Apenas se levanta el sol en la ciudad más devastada por el tifón Haiyán, los vecinos se afanan en reconstruir muros y tejados. Hoy se cumple medio año desde que la mayor tormenta de la historia (alrededor de 6.300 muertos, cerca de 3.000 de ellos en esta ciudad) dibujara un paisaje post-apocalíptico: barcos en tierra, coches en azoteas, cuerpos por doquier y palmeras arrancadas de cuajo.

viernes, 2 de mayo de 2014

Maratón a la igualdad



Una hora, seis minutos y treinta y seis segundos. “Creo que ese fue el momento en el que las cosas empezaron a cambiar”, aventura Gabriele Nicola, entrenador de, entre otras, la fondista keniana Mary Keitany. Una hora, seis minutos y treinta y seis segundos fue lo que necesitó Keitany para cruzar la meta en primer lugar en los mundiales de media maratón de 2009. Lo que nadie preveía entonces eran las consecuencias que el récord del torneo desencadenaría. Una hora, seis minutos y treinta y seis segundos fue, en definitiva, el tiempo que tardaron las mujeres de la meca del atletismo keniano, la localidad occidental de Iten, en pasar de ser consideradas propiedad del marido a respetable fuente de ingresos. Bueno, o casi.

jueves, 18 de julio de 2013

Mandela: dos puños contra el apartheid


Encamado en estado crítico en un hospital de Pretoria, Nelson Mandela cumple hoy 95 años. Pero en un tiempo que parece ya agotado -Sudáfrica padece ahora, en muchos aspectos, una falta de liderazgo y un olvido práctico de los principios que movieron a Mandela a dar la vuelta al sistema- Madiba fue uno de los púgiles más hábiles en la lucha contra el apartheid.

miércoles, 10 de julio de 2013

Recuerdos de Sudán del Sur

Recuerdo el hangar que hacía de aeropuerto en Juba. Recuerdo las riadas de gente que llegábamos, entusiasmados en mayor o menor medida, para el referéndum de independencia. Recuerdo el calor asfixiante, los ventiladores estropeados y los mosquitos impertinentes.

Recuerdo que perdí las gafas de sol y pasé sin ellas una semana, y viajando en moto, en el desierto. Porque la que después se convertiría en capital del independiente Sudán del Sur está en medio de una zona desértica, por mucho Nilo que la mime.


viernes, 31 de mayo de 2013

Cáncer

"Perdí el DNI y lo tenían en una comisaría. Cuando fui a recogerlo, la agente que me atendió lo encontró entre los muchos documentos perdidos, y me dijo: 'Sí, está aquí, pero, ¿sabes qué? Si no me das 200 chelines, se va a volver a perder'. Ah, mierda, toma [gesticula como sacando dinero invisible del bolsillo]. Y ese fue el incidente que inspiró la canción".

Quien habla es el músico keniano Eric Wainaina y la canción es la que sigue:



Se trata de la pegadiza Nchi ya Kitu Kidogo (en suajili: "País de pequeños sobornos"), un himno en Kenia. Un tema publicado en 2001 que suena en la radio de manera habitual, pero cuyo mensaje no parece calar en absoluto. El pago a la Policía por tal o cual falta (en ocasiones, inventadas) está tan extendido y es tan habitual que corrupción -cada vez estoy más convencido- es un término que demasiada gente desconoce que sea negativo. Y es más sangrante en un país en el que el sueldo de los diputados es unas cien veces el mínimo interprofesional.

El pasado mes de febrero, antes de las elecciones kenianas del 4 de marzo, realicé varias entrevistas para escribir esta crónica sobre cómo la corrupción influye en el voto. Lo que viene a continuación son fragmentos de estas charlas, recortes de prensa y algún que otro apunte sobre lo visto, vivido, leído y oído sobre uno de los grandes males de Kenia.

domingo, 28 de abril de 2013

Niños

- "¿Te puedo preguntar algo?", me dijo, entre tímido y curioso Mohammed Ahmed, un conductor de tuk-tuk yemení afincado en Mombasa desde hace más de veinte años.

- "Claro", contesté, impaciente por ver la salida del buen hombre.

- "¿Por que los europeos tenéis tan pocos hijos?", dijo girando la cabeza, mientras conducía por la hermosa calle Mama Ngina, que mira al Océano Índico.

Como es la enésima vez que respondo a la pregunta, sólo tuve que darle mentalmente al play y soltar el rollo:

- "Pues verás, en mi país, hace décadas, la sociedad no era tan distinta a la de aquí. Tanto mi padre como mi madre, por ejemplo, tienen cuatro hermanos, nacieron en zonas rurales y emigraron a distintas ciudades a buscarse la vida. De niños, tenían que trabajar, bien en el campo sin tener casi tiempo para ir a la escuela [en el caso de la modestísima familia de mi madre] o bien en la tienda y la huerta después del colegio [en el caso de la mínimamente más pudiente familia de mi padre]. Eran pobres, necesitaban mano de obra y los hijos contribuían activamente a la supervivencia familiar. Ahora, en Europa, los padres tienen un sueldo suficiente para mantener a la familia entera. Además, es obligatorio que los niños vayan a la escuela. Si no llevas a tus hijos al colegio, el Estado te puede penalizar".

Mohammed suelta una carcajada y se gira de nuevo hacia mí, con una sonrisa que me parece de incredulidad.

- "En serio, te pueden amonestar por eso" -continúo-. "Aquí, apenas los niños pueden caminar, les dais una ramita y los mandáis a cuidar el ganado. Y casi desde que nacen son productivos. En Europa, tener hijos resulta carísimo, porque la ropa, los libros, la comida... no son baratos. Y además, mínimo hasta que terminan la educación obligatoria, a los 16 años, no trabajan, no producen".

La del trabajo infantil es una cuestión recurrente en las conversaciones africanas entre blancos bienintencionados. Pero, como todo, conviene ponerlo en contexto. Y aquí va mi intento.

sábado, 23 de marzo de 2013

Los ladrones de rastas, el mentiroso y el cojo

Meses ha de la última entrada recopilatoria de la actualidad africana más absurda. Por eso la actual viene cargadita, con un apartado específico de tontunas electorales kenianas, además del caso más mediático y amarillista de cuantos se recuerdan.

Pero empecemos con un clásico:

El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, asegura que los perros son cosa de blancos y que, incluso si te alisas el pelo, jamás serás blanco (en inglés).
La primera noticia, ilustrada con Zuma vestido con hábito tradicional... ¿zulú? arremete contras las costumbres de las nuevas generaciones de africanos que se clarean la piel y se alisan el pelo para parecer blancos, mientras que minusvaloran su propia cultura. Y que qué es eso de gastar dinero para dar de comer a un chucho y llevarlo al veterinario y tal. Eso también es de blancos. Excepto por la distinción racial, creo que en lo demás hasta estoy de acuerdo. Pero que lo diga el jefe de Estado de un país con una tensa historia de las relaciones raciales...

viernes, 15 de febrero de 2013

El caso

Volvía del cento de Nairobi un tanto puteado: la paciencia derrochada en el búnker amarillo que es la oficina de Inmigración keniana me había dejado los nervios un tanto al límite. Venía de volver a solicitar la tarjeta de residente después de que, días antes, me levantaran la cartera con todos los documentos. Era el 22 de agosto, el aniversario de la muerte de Jomo Kenyatta, el único día en el que se puede visitar su mausoleo, un recinto cerrado junto al Parlamento, en el que un pasillo de banderas nacionales desembocan en un horrible monumento de mármol negro. Pero era uno de esos días (debería dedicarles una entrada) en los que cuando los amigos de tus padres te preguntan por tu trabajo con un "¿y qué haces en Kenia?" responderías gustoso: "Eso mismo me pregunto yo". Uno de esos días.

Así pues, volvía a casa enfurruñado, también porque justo "este año sólo se permite la entrada al mausoleo a los familiares del señor Kenyatta". Y tres blancos tratando de acceder al recinto no colaba como parientes, acaso lejanos, del laureado padre de la patria.

Tomé el matatu en Uhuru Park de vuelta a casa y llamé a una amiga. En el despiste de la conversación (error de novato) me colaron una mano en el bolso y me levantaron la pasta. En la confusión del robo (error de novato II) me robaron también el móvil. Acabé con el ladrón en la calle, rodeado de mirones (digamos que el sentido del civismo entre el keniano medio... está por desarrollar). Pero el escándalo montado hizo que un policía se acercara desde una rotonda cercana y nos llevara a ambos a una comisaría.

Entonces no lo sabía, pero aquello era el inicio de un proceso judicial que iba a durar unos cuantos meses.

viernes, 25 de enero de 2013

Unas plumas sobre la puerta

La primera vez ni siquiera fue un robo en sí, sino más bien un olvido tonto. Dejé la faltriquera -como acostumbraba, hasta entonces- bajo la almohada de la habitación del hotelucho en el que me hospedé en mi primera vez en Kampala. Al día siguiente debía amanecer temprano para una entrevista y, como siempre he sido de muy mal madrugar, las legañas y el retrete me eclipsaron el recuerdo de mi riñonera.

Balance de pérdidas: un pasaporte, 150 dólares y unos 100 euros en chelines ugandeses. El resultado fueron diez días en Uganda mientras tramitaba un nuevo documento para salir del país y una buena hostia económica, justo cuando empezaba a ahorrar un poco. Por supuesto, en el hotel nadie sabía nada.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lo clásico

- Vaya, tenéis un aeropuerto muy nuevo...
- ¡Qué va! ¡Es viejo!
- ¿Ah, sí? -pregunto, sorprendido, mientras miro de nuevo el moderno edificio- ¿Cuándo lo construyeron?
- En 2003. Así que tiene casi... ¡diez años!

Hablé una vez de la elasticidad del tiempo y de la distinta concepción que por esta zona se tiene. Es un tema manido a más no poder, pero hay otro relacionado, quizá menos recurrente y que me resulta chocante: lo clásico y lo antiguo. Así pues, esa conversación con un taxista de Eldoret no debería resultar sorprendente.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Mogadiscio, entre los búnkers y la playa

La ahora destrozada capital de Somalia debió ser una ciudad preciosa. ¡En serio! Echen un vistazo a esta postal:
 

Después de dos años viviendo y viajando por esta zona, no sería capaz de dar con una capital que aglutine algo comparable a la hermosa herencia arabesco-italiana de Mogadiscio. Las etíopes Lalibela o Gondar, la keniana Mombasa, la zanzibarí Stone Town, quizá... Ninguna ha sido la imponente ciudad que aseguran fue la Perla del Índico. Sólo sus restos ya impresionan. Y eso que las ruinas son de finales del siglo XX.

Masacrada entre unas cosas y otras de forma casi ininterrumpida desde 1991, Mogadiscio deja ahora entrever un intento de reconstrucción. Tímido, aún. Algo más veloz -afirman los residentes y la lógica- desde la expulsión de la milicia fundamentalista islámica Al Shabab de sus calles, hace ya más de un año.