Excavadoras en acción en el sur de la isla de Borneo. Foto: J. Triana.
Un
camión recorta el paisaje a toda prisa dejando tras de sí una nube
de polvo. Se divisan centenares de metros de hierbajos, matorrales y,
sobre todo, algunas palmas aceiteras algo más adultas que empiezan a
destacar. Al fondo, una muralla de bosque. Y cinco excavadoras azules
que se entretienen tumbando los árboles. Son casi cuarenta
kilómetros cuadrados cuya explotación ha cedido el Gobierno de
Indonesia a la empresa singapuresa Bumitama Gunajaya Agro (BGA),
justo en las lindes del Parque Natural de Tanjung Puting, en el sur
de la isla de Borneo.
Por pura estadística, algún
radical tiene que haber entre los más de 200 millones de musulmanes
que habitan Indonesia, el país con la mayor población de fe
islámica del planeta. Y el Estado Islámico, que aspira a ocupar un
inmenso espacio de Mesopotamia, ha hecho un llamamiento a todos ellos
para que se sumen a sus filas.
Apoyada en uno de los muros de barro de
su vivienda, Jane Muthoni Mara se afana en separar los granos de maíz
buenos de los podridos. Es un movimiento mecánico. Toma unos cuantos
de una bandeja de rafia trenzada, los escruta, y los lanza a un
montón sobre una tela de saco, si es que son aptos. Cuando llegan
los visitantes, se aparta de su actividad y saca unas sillas,
dispuesta a contar su historia. No toda. “Esto no os lo va a decir
ella porque no tiene confianza, pero le insertaron botellas de agua
hirviendo en sus partes privadas”, dice el traductor, en medio del
glosario de torturas que Jane rescata de su memoria.
Ayer martes, a eso de las diez de la mañana, los corresponsales de ABC, El Mundo y yo nos colamos en Westgate. No fue una infiltración tipo 007, como bormeaba el propio Xavi, sino más bien una carambola que salió gracias a un favor que nos hizo una empresaria española con una tienda en el centro comercial, combinada con la total falta de control y organización propias de esta zona.
Lunas de los escaparates hechas añicos, agujeros de bala por todas partes, casquillos entre los escombros, polvo negro consecuencia del humo sobre cada milímetro de la superficie, tiendas saqueadas... un espectáculo.
A continuación, unas cuantas imágenes de cómo ha quedado. Tratad de no ser severos en el juicio, que teníamos que jugar a no ser periodistas y hubo que hacerlas con el móvil.
El problema de los imprevistos es su propia definición. Cierto que le añaden salsa a la vida, pero hay veces que son de lo más inoportuno. Así, un buen día en el que te dispones a ir de safari con tus amigos (ya has llegado al parque natural y todo), recibes una llamada. Es de un compañero, que te cuenta que ha habido un tiroteo en un centro comercial de Nairobi. Y toca dar media vuelta y pasar cuatro días escribiendo sobre otro tipo de fauna.
"Perdí el DNI y lo tenían en una comisaría. Cuando fui a recogerlo, la agente que me atendió lo encontró entre los muchos documentos perdidos, y me dijo: 'Sí, está aquí, pero, ¿sabes qué? Si no me das 200 chelines, se va a volver a perder'. Ah, mierda, toma [gesticula como sacando dinero invisible del bolsillo]. Y ese fue el incidente que inspiró la canción".
Quien habla es el músico keniano Eric Wainaina y la canción es la que sigue:
Se trata de la pegadiza Nchi ya Kitu Kidogo (en suajili: "País de pequeños sobornos"), un himno en Kenia. Un tema publicado en 2001 que suena en la radio de manera habitual, pero cuyo mensaje no parece calar en absoluto. El pago a la Policía por tal o cual falta (en ocasiones, inventadas) está tan extendido y es tan habitual que corrupción -cada vez estoy más convencido- es un término que demasiada gente desconoce que sea negativo. Y es más sangrante en un país en el que el sueldo de los diputados es unas cien veces el mínimo interprofesional.
El pasado mes de febrero, antes de las elecciones kenianas del 4 de marzo, realicé varias entrevistas para escribir esta crónica sobre cómo la corrupción influye en el voto. Lo que viene a continuación son fragmentos de estas charlas, recortes de prensa y algún que otro apunte sobre lo visto, vivido, leído y oído sobre uno de los grandes males de Kenia.
Vale, ha costado unos meses pero ya hemos llegado al final de 2012, e incluso a 2013. Como el maldito mundo de internet y los móviles nos está dejando el cerebro como un cacahuete -de los de miel, eso sí- con tanta inmediatez y tanta mierda (que sabría diferenciar si hubiera estudiado psicología, o publicidad o algo útil, y no periodismo), puede que sólo recuerdes levemente la campaña de Invisible Children para hacer famoso y capturar a Joseph Kony el pasado año.
El vídeo este, vamos.
Pues bien, es 17 de enero de 2013 y aquí estamos tú y yo, y Kony seguramente estará pelándosela en la selva en África central. Desde luego, no se tienen noticias de que haya sido detenido, castrado, encarcelado o condenado a muerte (por kiki).
Tanto revuelo con la campaña de marras -ya ven- para nada.
Imaginen la siguiente escena: tres hombres de Oriente mascan estimulantes hojas de khat (también llamado miraa) mientras se afanan en empaquetar sus mercancías, que transportarán en una larga travesía en camello y que, intercambio comercial mediante, convertirán en el ansiado oro. Además, el acto transcurre en el mítico país de Punt, origen de buena parte del incienso que se quemaba en la Antigüedad. ¿Les recuerda a algo?
Se trata, más bien, de un recurso natural casi olvidado en el primer mundo, de uso muy extendido en el segundo y el tercero, de gran impacto para el medio ambiente, y que en España viene fuertemente asociado a la navidad. El carbón. Vegetal, para más precisión.
La ahora destrozada capital de Somalia debió ser una ciudad preciosa. ¡En serio! Echen un vistazo a esta postal:
Después
de dos años viviendo y viajando por esta zona, no sería capaz de dar con una
capital que aglutine algo comparable a la hermosa herencia arabesco-italiana de Mogadiscio. Las etíopes Lalibela o Gondar, la keniana Mombasa, la zanzibarí Stone Town, quizá... Ninguna ha
sido la imponente ciudad que aseguran fue la Perla del Índico. Sólo sus restos ya impresionan. Y eso que las ruinas son de finales del siglo XX.
Masacrada entre unas cosas y otras de forma casi ininterrumpida desde 1991, Mogadiscio deja ahora entrever un intento de reconstrucción. Tímido, aún. Algo más veloz -afirman los residentes y la lógica- desde la expulsión de la milicia fundamentalista islámica Al Shabab de sus calles, hace ya más de un año.
La guerra es tan desgraciadamente normal en Somalia que los niños lo usan de entretenimiento. Están tan acostumbrados a ver a sus mayores implicados, que no lo asocian a una fractura en la historia de su país. Al fin y al cabo, no han conocido nada que no sea guerra.
"Deberíamos
resistir la tentación de decir que vamos de una transición a otra.
Porque, si no, quiere decir que no creemos en el proceso. Mi jefe [el representante especial de la ONU para Somalia, Augustine Mahiga] lo
expresa así: estamos pasando de una transición a una transformación. De una población que ha
sufrido la guerra a otra que está reconstruyendo el país". El que habla es Peter de Clercq, vicerepresentante de la ONU para Somalia. Número dos de la Oficina Política de la ONU en Somalia (UNPOS) y parte implicada hasta la médula en toda la transi-formación somalí.
Pero como hay imágenes que dicen mucho más que ciento cuarenta y siete páginas del Word, ahí va una foto del grande de Dai Kurokawa (EPA), con quien tuve la suerte de compartir también el viaje a Mogadiscio.
Una periodista de AP, recién llegada de un viaje a Mogadiscio con las tropas de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), nos dijo una vez a una compañera de El Mundo y a mí que iba a publicar "un reportaje que ibaa enfadar a mucha gente". "No va a dejar a nadie indiferente", nos decía la criaturica, mientras nosotros nos preguntábamos si lo estaba diciendo en serio. Estábamos flipando tanto que no tuvimos ni que preocuparnos en contenernos la risa: nos dejó pasmados.
Lo de ir a Somalia me recuerda bastante al ir a Corea del Norte por el que muchos corresponsales extranjeros suspiraban cuando estaba en Pekín. Parece como si ir a Somalia fuera un símbolo de estatus entre los periodistas de la zona. Así que ahora ya tengo un galón en la pechera. O algo.
Y, en realidad, se trata de algo que puede hacer cualquier plumilla que viva por estas latitudes. A mí me ha costado año y pico de dar la chapa a AMISOM, pero al final ha colado, porque la perseverancia siempre da frutos. La perseverancia, los dólares y algún contactillo.
Entre el 5 y el 9 de agosto, un grupo de corresponsales extranjeros estuvimos en Mogadiscio viendo lo que las tropas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) nos quisieron enseñar. La experiencia dio para mucho y aún tengo material acumulado a paladas. Iré contando cosillas poco a poco, pero, de momento, dejo algunas imágenes.
Desde hace unos años se habla, cada vez más, de la creciente presencia de China en África. Es un tema que tiene muchísima miga y del que, seguro, sabemos sólo una mínima parte. Conté algo de esto hace tiempo por aquí y por acá. Pero hace unos meses supe de otro asunto, otro país no africano, que empezó a hacer negocietes -al menos yo me enteré entonces- en la zona negra del continente: Turquía.
Léete este post de mi compañero-y-sin-embargo-amigo Daniel Iriarte y vuelve por aquí cuando acabes, anda, que si no va a ser todo mucho más complicado.
¿Ya? ¿Seguro que ya lo has leído? Vale, vale, no te pongas así, ya empiezo...
Entre los múltiples factores que han desembocado en la hambruna en Somalia se encuentra la presencia el grupo islamista radical Al Shabab. De acuerdo a lo que publicamos en Efe, Al Shabab (1)aplica la ley islámica a lo bestia en los territorios bajo su control (la mayor parte del sur de Somalia), (2) combate al Gobierno de transición somalí para instaurar un estado musulmán de corte wahabí en el país y (3) está vinculado a Al Qaeda.
Soy un profundo desconocedor del islam y estoy muy (pero que muy) lejos de ser un experto en Al Shabab, por lo que no tengo conocimientos suficientes para hablar de los dos primeros puntos. Son datos de contexto heredados de gente más lista que yo, que pasó por aquí mucho antes que un servidor y de la que (aunque no sé si debería), me fío. Lo que sí creo que puedo argumentar es el punto (3): su vinculación con Al Qaeda.
Érase que se era un grupo integrista islámico que trataba de imponer un estado musulmán radical en Somalia. Y en estas que, una vez, en uno de sus muchos desvaríos, consideró que, estando el país tan apañao como está [en guerra civil desde 1991], para qué iban a dejar que las organizaciones humanitarias hicieran su trabajo. Y prohibieron su actuación en las zonas que dominaban. Si, al fin y al cabo, no son más que el caballo de Troya de los intereses occidentales y están controladas por sus marionetas. Y esas cosas.
Esto está relacionado con la emergencia humanitaria en Dadaab que comentaba en la anterior entrada. La sequía ha conseguido que Al Shabab [cuyo líder, Sheikh Mukhtar Abu Zubeyr, o Ahmed Godane para los amigos, juró lealtad a Bin Laden en 2009] se eche atrás y pida ayuda, porque se le muere la (potencial) parroquia. Cosas veredes, Sancho...
¿Qué sucede en ese país del África oriental llamado Uganda? Pues, si uno se atiene a lo que publican los medios españoles, más bien poco. Y lo mismo en los medios italianos y chinos, que son los que consulto con (mayor o menor) regularidad. Los anglosajones -Uganda es ex colonia británica- sí han publicado más historietas.
Si fuera yo quien tuviera que responder a la pregunta del título, diría algo así como: "Pues que la gente está harta de que el mismo señor, el presidente Yoweri Museveni, lleve 25 años robándoles delante de sus narices y encima se ría de ellos".De Museveni [nuestro hombre, de aquí en adelante] he hablado muchas veces, no hay más que pinchar arriba a la derecha en la etiqueta Uganda e ir viendo las entradas anteriores. Y bueno, en Uganda pasan muchas más cosas, pero ahora mismo esa es la que está más calentita.
Aunque, para variar, esta entrada llega a destiempo, ya que lo más gordo parece haber pasado. Pero hay algo de margen para el análisis, aunque esa palabra le queda un poco grande a tres líneas mal trazadas en un blog de tercera regional.
Sólo he estado dos veces en Uganda (en diciembre de 2010 y en mayo de 2011) y en esta última ocasión he notado a la gente de la calle más cabreada. Seguramente, porque entre un viaje y otro, en febrero de 2011, mediaron unas elecciones generales en las que -oh, sorpresa- volvió a ganar nuestro hombre, creo recordar que con el 68 por ciento de los sufragios. Con esta victoria podría completar 30 años al frente del país. Los diez primeros fueron como dictador militar.
El caso es que esta última vez la gente criticaba a su presidente más abiertamente y las distintas personas con las que hablé del tema [que serían una docena, tampoco es que fuera interrogando a todo pichipata] me dijeron que creían que las protestas que hasta ahora la oposición convocaba lunes y jueves, el Walk to Work, pueden suponer un cambio.
¿Qué es Walk to Work? Pues unas marchas que, como su nombre indica, proponen ir caminando al trabajo para poner en relieve el precio de los carburantes y de otros bienes de consumo básico. La represión a las protestas ha producido al menos una decena de muertos (todos ellos manifestantes), cientos de heridos y otros tantos detenidos, entre ellos líderes opositores. El principal cabecilla y ex candidato a la Presidencia por el Foro para el Cambio Democrático, Kizza Besigye, resultó herido y fue arrestado en varias ocasiones, una de ellas tan violentamente que se tuvo que venir a Nairobi a recibir tratamiento médico. Aunque montó un circo exagerado, no sé si del todo justificado.
¿Ha dicho alguien algo ahí fuera?Estados Unidos, a nuestro hombre, que no se pase, que están mu preocupaos. Tal cual. Uganda recibe millones de dólares de ayuda extranjera. Creo que se podría presionar de alguna manera, aunque todos sabemos quiénes serían los afectados en caso de que se cerrara ese grifo.
Para los ugandeses consultados, lo que pasa en su país en las últimas semanas es el inicio de "la primera revuelta a la tunecina en el África subsahariana". Veremos si tiene el mismo resultado. Yo así lo espero.
Este mes se cumple el sexagésimo sexto aniversario del fin de la II Guerra Mundial. Al menos, de su vertiente europea: Berlín cayó a principios de mes, aunque Japón no se rendiría hasta septiembre...
El caso es que me parecía una excusa más que suficiente para contar la participación de España en esta guerra, que tuvo lugar, precisamente, en África. En Guinea Ecuatorial.
Voy a incumplir la promesa que hice al final de esta entrada y voy a contar algo de Gulu, aunque no me haya enterado de nada.
La historia transcurre en el norte de Uganda, entre caminos de tierra rojiza, un cielo inabarcable, chozas de barro y mangos, pinos, palmeras, eucaliptus y otros árboles la hostia de grandes cuyo nombre desconozco. Sin embargo, en ningún momento me parece estar en el África profunda, ni me parece el colmo del exotismo, ni nada de nada (entre otras cosas porque, como decía Kapuscinski e insiste un amigo periodista bloguero, África no existe). Gulu es simplemente el lugar en el que nacieron personas que seguramente habrían preferido caer en otras latitudes. Aunque los paisajes quiten el aire.
Así que lo que escribiré a continuación es algo así como una crónica de un día que pasé entrevistando gente en Gulu y de lo poco que entendí. A diferencia de la vez que hablé de los piratas somalíes y de los homosexuales ugandeses (donde creo que llegué a comprender algo y a compartir las historias de manera medianamente coherente), esta vez será un relato de incomprensión. O quién sabe, quizá escribirlo me ayude a aclararme las ideas y a asentar algunos datos.
Gulu es una de las ciudades más importantes del norte de Uganda, que durante un par de décadas sufrió la violencia del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), que lidera Joseph Kony (por cierto, es como en catalán y se pronuncia algo así como "Koñ"). Es el señor de la foto:
Aquí dejo la mejor de las entrevistas que he encontrado en youtube (está en inglés):
En el vídeo, Kony acusa al presidente de Uganda, Yoweri Museveni, de los crímenes que se le atribuyen a él. Museveni no es ningún paradigma del buen gobierno, la libertad y los derechos humanos, que conste, pero Kony está echando balones fuera con esas declaraciones.
Normalmente se dice que Kony combate para instaurar un estado bajo los Diez Mandamientos, pero un antiguo combatiente del LRA y consejero de Kony, Kenneth Banya ("Baña"), me contó que la lucha empezó para proteger al pueblo acholi (poblador del norte) de las represalias del (entonces) nuevo presidente Museveni, poco amigo de los norteños. * Perdón por la versión resumida, pero es que esto promete ser largo.
Luego se supone que un espíritu que poseyó a una tía de Kony le transmitió la bizarra misión que -parecer ser- el Señor le tenía encomendada: lo del país bajo los Diez Mandamientos. O también podría ser que se le hubiera ido la olla, pusiera sus huevos sobre la mesa y consagrara su vida a ese fin. Con la broma, él y sus mariachis se han cepillado a miles de personas, forzado el desplazamiento de cientos de miles, violado, mutilado, secuestrado a al menos 30.000 niños y, en definitiva, puteado la vida de... un huevo de gente. Se supone que desde 2006 ya no actúan en Uganda y se mueven por los países de alrededor. Esa es la historia resumidísima del conflicto, y ahora me encuentro en un escenario de post-conflicto.
...
Son las ocho y media de la mañana del 19 de mayo. Chiba -el fotógrafo japonés con el que viajo- y yo visitamos el Centro Juvenil de Gulu, donde hace poco se ha empezado el Proyecto de Breakdance de Uganda, creado por un ugandés en la capital, Kampala, y que luego se ha extendido a esta ciudad. Tratan de que los chavales ganen confianza en sí mismos. Entre ellos hay tres antiguos niños soldado, pero nadie lo sabe y es imposible diferenciar a un chaval de otro. Todos son iguales en la pista. Integrarlos con naturalidad es otro de los objetivos.
Chiba se queda haciendo fotos allí y yo me voy a la ronda intensiva de entrevistas que me toca. Me acerco caminando a las oficinas de Gusco, una organización de acogida a niños secuestrados (ex niños soldado) y les digo que me interesaría conocer sus actividades. El señor que me atiende amablemente me dice: "Ahora no tenemos niños por aquí". "¡Ah! Es cierto, están de vacaciones" -respondo, recordando que una amiga en Kampala que tiene una ONG que trabaja con chavales me ha dicho que es periodo vacacional. "No" -replica- "Están en cautiverio. Les esperamos dentro de unas dos semanas" (sic). Me quedo con cara de dos-puntos-ese, así que prefiero no preguntar, opto por dar media vuelta y adiósbuenosdías.
Consigo contactar telefónicamente al fin con el obispo de Gulu, que responde al nombre de Reverendo Macleord Baker Ochola II. Me dice que está en la sede de la Iniciativa de Paz de los Líderes Religiosos Acholi. Voy para allá y me cuenta:
"Estamos trabajando para que las comunidades locales sepan diferenciar entre víctimas y verdugos. Los niños soldado fueron víctimas de las circunstancias, así que no tienen que ser rechazados". Como veremos más adelante, muchos son repudiados por sus propias familias.
El obispo me dice una cosa que yo creía clara: "Fuimos a Estados Unidos a hablar con el Gobierno sobre este conflicto y les preguntamos quiénes financiaban al LRA, porque nosotros sospechamos que era el Gobierno de Sudán". Esta es otra más de las medallas de Al-Bachir, el señor sudanés ese que está buscado por la Corte Penal Internacional por crímenes contra la humanidad y el mismo que escondió a Osama Bin Laden a mediados de los 90. El abuelo que todos querríamos tener.
El obispo me dice que están intentando ayudar también al sur de Sudán, a la República Democrática del Congo y a la República Centroafricana -pastos por los que se mueven ahora Kony y compañía- a solucionar el conflicto, pero que "el Gobierno (ugandés) no quiere resolverlo". Cada vez que ha habido acercamientos para conversaciones de paz entre la comunidad local y el LRA, el Ejército ha irrumpido intentando cepillarse a cuantos más rebeldes mejor. Ya se sabe que hacer paz con pistolas no suele funcionar.
Ochola II y un servidor nos intercambiamos nuestros teléfonos y correos electrónicos. El del obispo es de lo más cachondo:
Creo que esto sólo lo iguala Princess Halane, una supuesta miembro de la realeza kuwaití que se llama tal cual, -Princesa Halane- en facebook. Es que tenemos un amigo en común y el sistema me la ha sugerido alguna vez como amiga.
Gracias al obispo, consigo dar con Banya, el ya mencionado antiguo consejero de Kony. El Ejército ugandés le capturó en 2004 (creo recordar), él pidió una amnistía y se montó un proyecto -ya difunto: Labora Farm, una granja- de ayuda a la integración de antiguos niños soldado. Ahora está montando una constructura.
Durante la conversación, también está presente su sobrino Patrick, antiguo niño soldado que ahora está abriendo un negocio de préstamos a pequeños emprendedores. Estamos en un local destartalado: el de la foto.
Banya me cuenta que estuvo 18 años en el LRA contra su voluntad. Cree que el conflicto no se solucionará hasta que la gente conozca el problema y ayude. Y apunta que sabe a través de otras personas que Kony se está empezando a quedar calvo. Un poco de todo.
Me dice que tuvieron que crear "la granja más grande del mundo" en el monte cuando el Gobierno de Sudán dejó de financiar al LRA, en 1998, tras el acuerdo de Al-Bachir con el Ejecutivo ugandés por el cual cada uno dejaría de financiar a los rebeldes del otro. Quizá fue en ese momento cuando Banya aprendió a cultivar la tierra para llevar a cabo el proyecto de integración de niños soldados que puso en marcha tras ser liberado por el Ejército ugandés.
La conversación es rara y está llena de momentos sospechosos, de esos que, cuando lanzas una pregunta, los interlocutores se miran, esbozan media sonrisa y responden despacio, meditando cada palabra, con frases inconclusas e imprecisas. No termino de creerme sus respuestas.
Unos días más tarde, de vuelta en Nairobi, consulto The Worst Date Ever, de Jane Bussmann y encuentro que dice esto sobre Banya [el texto está escrito de manera muy coloquial y resulta complicado traducir algunas frases, así que dejo íntegro el original en inglés]:
"Father Benedict attacked a Fanta with a bottle opener. I ventured on to peace talks; after all, my ageing fancy man Banya had said people's belief in the spirits would always stall them.
'Banya says--' I said. Father Benedict almost dropped the Fanta.
'That is a lie! Banya is the biggest liar around. The Church tried to make peace talks again and again. We had three times peace talks, and it was going quite well.The army shot three times and killed our men almost three times'.
But... why would Banya lie? He was a captive too.
'Banya is taken around by the governmet and gets money to say how good they are and so on', said Father Joseph. Banya wasn't an ordinary abductee like the child soldiers group guys. Or even an ordinary commander. He was Kony's number Three, his military tactician, trained by the Russians. My head was reeling. That wasn't all: Banya didn't escape from Kony; he was captured. That meant if he had his way, he'd still be out there kidnapping.
[...]
Banya wasn't just following orders. This cuddly old granddad, according to a report commisioned by the United Nations, is 'a man with a record of rape a torture... said to be responsible for countless sadistic rapes of under-age female abductees in LRA captivity'.
'He is a real killer', said Father Benedict. 'The people are all afraid when they see a group that is coming with Banya, you could be sure it would be bloody. The goverment took him to an area near here to talk, and one teacher stood up and said, 'You shut up now, you are the killer, you killed our children. I know if I talk like that I may not survive, but I will not keep quiet'.
Thousands of miles from the yellow bricks of Metro Goldwyn-Mayer Studios, I'd stumbled on the Wizard of Oz. If Kony was the Wonderful Wizard, protected by witches like Banya, little Father Benedcit was Toto and I was a sugar-addled, shoe-worshipping Judy Garland as Dorothy. I'd fallen for Banya's lies, for a government pasty paid to find people like me, to spin the tales of snakes and leopards and spirit gods, so I'd go home and tell newspaper readers -including politicians reading the Sunday Times- about the impossible monster that was Kony, the enigma that no mere very well-equipped army could catch.
Then I remembered something else. Banya ran Labora Farm. A residential work scheme for former abductees. Let me get this straight: the problem here is kids being kidnapped. The solution is hiring a kidnapper as their babysitter. No wonder the kids at Labora Farm looked glum. And as for keeping quiet because Kony was listening to them via his spirits, Banya was right there next to them, listening to them via his ears. And here is the strangest thing. Before he worked for Kony, Banya worked for Yoweri Museveni. He was his bodyguard while President Museveni was at the Ministry of Defence. 'He's a very nice man', said Banya at the time of his capture".
Conclusión: en sus 18 años en el LRA, Banya fue un hijo de puta sádico y sanguinario y ahora es un mentiroso a sueldo del Gobierno. Fantástico.
Pero hay más. Como he dicho antes, Banya ya no trabaja en Labora Farm, la granja financiada por el estado que pretendía reintegrar a ex niños soldados en la comunidad local. El mismo que antes les secuestraba y les decía que mutilaran, luego les pedía que sembraran. El corresponsal en Kampala del medio para el que trabajo me dijo que hace tiempo se sospechaba que Banya estuviera explotando a los niños de la granja en su propio beneficio. Una sencilla búsqueda en Google arroja varios resultados que presentan las mismas sospechas.
He leído sobre los supuestos poderes sobrenaturales de Kony (de los que habla él mismo en el vídeo de antes), así que le pregunto a Banya sobre esto. "¡Es cierto! Está en contacto con un espíritu que es capaz de predecir el futuro hasta con tres meses de adelanto". Juro que lo decía sin reírse.
Nos despedimos e intercambiamos teléfonos y demás. Soy tan gañán que los debí de perder, porque ahora no los encuentro. En fin. De ese local en el centro de la ciudad me voy en boda-boda (mototaxi) a un congreso del Arzobispado de Gulu, con motivo del centenario de la creación de la diócesis. Mi objetivo no es otro que hablar con el arzobispo Odama [hedmano de Badack... perdónperdónperdón, si no lo digo reviento], quien se ha entrevistado hasta en cinco ocasiones con Kony.
"Este conflicto daña cerebros, almas y relaciones. Tenemos que trabajar por la cordura", dice el arzobispo.
En julio de 2006 estuvo reunido con Kony: "No noté nada sobrenatural, sólo es un ser humano. Nos recibió bien, nos dio de comer... Estuvimos hablando sobre Derechos Humanos". Odama dice que las cifras que se manejaban en 2004 eran de al menos 30.000 niños secuestrados. "No sé de dónde le vendría esa idea de secuestrar niños". Lo que sí sabe -tampoco hace falta ser un lumbreras- es que los niños son más fácilmente manipulables y eso le viene bien al LRA.
- Arzobispo, pero Kony se supone que también es creyente y que quiere un estado bajo los diez blablablá... ¿qué opina sobre eso? ¿cree que es un hombre de dios?
- ¿Sabes? Esa pregunta me la ha hecho mucha gente, corresponsales de la BBC y de la CNN... [¡Tooooma, toma y tomaa! ¡así que he hecho al menos una pregunta como un periodista de un medio de verdad!] ... y no sé responderla. Ya sabes que en estos tiempos hay mucha gente que se inventa religiones.
¿Y cómo se soluciona el conflicto? "Donde hay voluntad, hay un modo. Kony tiene algunos confidentes... hay que conseguir iniciar nuevas conversaciones de paz a través de sus leales".
Nos despedimos y se adentra en un edificio del que emana un inquietante cántico colectivo.
William (el mototaxista del Barça que me lleva de un lugar a otro) y yo salimos rumbo a la Escuela de Santa Mónica y durante el trayecto vemos a una niña camina con el bolso encima de la cabeza. Me llama la atención este gesto de extraña coquetería. Normalmente, portan sobre la cabeza bidones de agua (que aquí extraen de pozos de bombeo manual) o mercancías varias. El bolso me ha hecho gracia.
La hermana Rosemary me recibe en los jardines de Santa Mónica. Es una suerte de Sister Act, muy extrovertida y de esas personas que despiden buen rollo.
Antes de sentarnos a hablar, me da una vuelta por el patio. "... y esta gente son personas sin recursos a los que pusimos a llenar botellas con tierra. Así reciclamos y creamos ladrillos resistentes con los que se puede construir. Y ellos pueden ganar algo de dinero. Esta casa de aquí es la primera que hemos hecho con botellas".
Apuro de un trago la mía y les dejo en un montón un ladrillo más.
Me acuerdo de preguntarle a la hermana Rosemary por lo de los niños en cautiverio que me dijo el tipo de Gusco por la mañana y me dice que no tiene ni idea de a qué se refiere. Sobre todo el asunto del LRA dice que "no se puede apagar el fuego con fuego" y que lo de los poderes sobrenaturales de Kony son tonterías: "Una vez le dijo a una de sus mujeres -que después estuvo aquí con nosotros- que dios le había dicho que en breve se quedaría embarazada. Ya ves tú qué pronóstico tan complicado. Juega con la ignorancia de la gente".
Me lleva junto a dos chicas que hacen pulseras con cuentas sentadas en el jardín, a la sombra de un mango. Una de ellas, Nancy Layet, tiene 30 años, doce de los cuales los pasó como esclava sexual y niña soldado para el LRA. Tiene tres hijos suyos, más dos más a su cargo, desde que falleció su hermana. Rosemary hace de intérprete inglés-acholi. Hago unas cuantas preguntas de calentamiento y me lanzo de la manera más delicada posible sobre su experiencia con los rebeldes. "No quiero pensar en eso. No quiero venganza porque lo pasé muy mal y no quiero que nadie más pase por eso". Nancy está en Santa Mónica porque nadie de su comunidad quiere tener a una ex del LRA cerca.
La otra se llama Akongo Night. "¿Okono?" -pregunto, mientras intento escribir su nombre. Rosemary y las chicas rompen a reír. Okono -me explica la monja entre carcajadas- quiere decir "calabaza" en acholi. Bueno, pues mi amiga Calabaza pasó tres años secuestrada y hace no mucho contrajo el sida. El marido anterior al que le pegó el sida la echó de casa (junto a su primer hijo) al enterarse que había pertenecido al LRA. "¡Me acabarás matando!", le dijo.
El macramé hace que Nancy y Akongo ganen más dinero del que nunca habrían imaginado y les hace sentirse útiles. Y al menos tienen un lugar en donde estar.
Antes de despedirme, la hermana Rosemary me dice que ha habido otro periodista español que acudió a entrevistarla hace tiempo: "Hérnan Sin", precisa. Omaigad. A ver qué ha contado de esta historia Troy McClureHernán Zin... Esto, esto, esto, esto y más que no vienen al caso [*quien consiga leer los comentarios a sus entradas sin descojonarse queda invitado a un yogur de fresa. Danone].
Vuelvo, cansado a más no poder, al Acholi Inn. El hotel tiene una biblia en la habitación. Decidí alojarme aquí porque me lo recomendó una amiga, pero sobre todo porque fue donde se quedó Jane Bussmann durante su estancia en Gulu. Y quería ver qué sacaba de todo esto. Ella descubre que el hotel es propiedad del comandante encargado de dar caza a Kony, quien no parece tener demasiada prisa en apresar al susodicho, puesto que está haciendo buen negocio con los oenegeros y periodistas que llenan las habitaciones. Yo sólo he llegado a preguntarme ¿ein? cuando el obispo de Gulu (arrobagemeilpuntocóm) me ha dicho que pidiera aquí indicaciones para dar con Banya y Sam Kolo, antiguos combatienes del LRA.
Me voy de Gulu con un lío impresionante en la cabeza y con la sensación de haber visto muy poco. No he visto niños en centros de acogida, no he visto los refugios en los que se escondían los niños por las noches para evitar los secuestros o las zonas protegidas. No he visto gente con los labios, la nariz o las orejas mutiladas. Pero he visto otras cosas que también me han resultado interesantes. Un buen primer contacto con Gulu, aunque dos días son demasiado poco tiempo como para empezar siquiera a asimilar todos los frentes de la historia del LRA.
Al día siguiente, vuelvo hacia Kampala como vine: en autobús. La gente intenta vendernos hasta gallinas por la ventanilla. Yo prefiero quedarme con un paisaje exquisito.