lunes, 30 de enero de 2012

La ciudad de los blancos

Dije hace un par de entradas que había pasado dos meses fuera de Nairobi por diversos motivos. Lo cual, como medida de higiene mental, no está nada mal. Ha coincidido que en este tiempo he podido leerme un libro que me recomendó hace tiempo una amiga: Los Papalagi, de Eric Scheurmann. Los textos serían discursos que (cito tal cual viene en su entrada en la Wikipedia) el jefe samoano Tuiavii de Tiavea dirige a sus conciudadanos, en los que describe un supuesto viaje por Europa en el periodo justamente anterior a la Primera Guerra Mundial. Erich Scheurmann habría sido testigo de tales discursos, y los habría traducido al alemán. Y no es ni mucho menos lo mismo, pero después de un tiempo sin ir a España, y luego al volver a Nairobi tras una estancia española tan prolongada, hay algunas cosas que me siguen resultando curiosas.

He aquí un pequeño relato sobre cómo vi la ciudad de los blancos (Madrid), en comparación con la ciudad de los negros (Nairobi).


En la ciudad de los blancos, todo se moldea al antojo del hombre. La noche es noche hasta que se desee, pues las ventanas se ciegan con un instrumento llamado persiana. Estas persianas hacen perder la noción del tiempo y te desorientan, porque tapan toda la luz que el Sol pueda emitir. Se colocan sobre las ventanas y se desenrrollan mediante un mecanismo accionado por una cuerda.

lunes, 23 de enero de 2012

China en África (3)

El nepotismo jamás pasa de moda, y menos en una república bananera como ésta. Mi amigo Heri Araújo -Barcelona, 1983; corresponsal en Pekín de para diversos medios desde febrero de 2007- ha publicado un libro: La silenciosa conquista china (Crítica, 2011). El también corresponsal chino Juan Pablo Cardenal (de El Economista) y el fotógrafo Luis de las Alas son los otros autores de la obra, para la que contaron con la inestimable ayuda de un fixer chino. El texto, que versa sobre las relaciones que está construyendo China con el mundo en desarrollo, está teniendo muy buena acogida: van por la cuarta edición en castellano y pronto habrá también versión en inglés, mandarín, neerlandés, francés y polaco. También hay edición para eBook. Foreign Policy lo menciona como uno de los 25 libros (de 2011) necesarios para entender las relaciones internacionales.


Así que, como ya he hecho los deberes y me lo he leído, como tengo pasado chino, y me interesa lo que el Imperio del Centro trama en África (véanse este y este post sobre el tema), he engañado a Heri -el apuesto joven de la foto que parece que anuncia corbatas- para que me cuente lo vivido en este continente. Quizá algunas preguntas sean demasiado generales, pero es que el tema es inabarcable. Y muy interesante, como leerán. Este es el resultado de hora y media al skype entre Pekín y Nairobi.

* Los textos entre corchetes son acotaciones mías.


Para este proyecto realizásteis unas 500 entrevistas en 25 países en vías de desarrollo, ¿cuáles son los que visitaste en África durante vuestra investigación?

Bueno, no es un libro sobre China y África, así que optamos por los países en los que había no sólo más impacto chino, sino también... [le llaman por teléfono unos amigos que vienen de visita y Heri se pone a explicarle en chino al taxista la dirección de su casa. Me dice que lo ha pillado, pero en ese país uno nunca puede estar seguro de que la comunicación intercultural sea perfecta. Aunque, efectivamente, los amigos llegan a su casa al rato] ... intentamos escoger países africanos donde estuvieran pasando cosas distintas.

Fuimos a Sudán, país enfrentado con occidente. Está muy bien la batalla geopolítica que se viene librando desde finales de los 90 y cómo el vacío -una vez más- de occidente en un país, cuando China está ahí, no importa. Sudán ha crecido porque China ha financiado y ha puesto la infraestructura. Son copropietarios del principal oleoducto. 

jueves, 19 de enero de 2012

Bienvenido a... ¿casa?

Dos meses después, he vuelto a Nairobi. En medio, unas vacaciones en España, un viaje a Sudáfrica para la cumbre de la ONU sobre cambio climático y una baja laboral.

¿Qué me he encontrado a la vuelta?

Un sol radiante (en contraste con el a-días-bajocérico invierno logroñés). En ocasiones, demasiado radiante, este sol. Pero anima, qué carajo.

Las calles del barrio llenas de agujeros, cortesía de la última temporada de lluvias (y de otras anteriores, y que nadie está muy por la labor de arreglar, mucho menos de manera asidua).