
Memusi Ole Ngais aparece al final del camino a lomos de una bicicleta de montaña. Se ha vestido para la ocasión: una manta roja maasai recubre su cuerpo, y abalorios de colores, el cuello y el pelo. Saluda amablemente y pregunta si ha sido fácil encontrar Endana, y lo cierto es que ha hecho falta una hora de moto por caminos casi invisibles en medio de una planicie habitada por humanos y fauna a partes iguales. Es su enlace cotidiano con la civilización, representada en este caso en forma de asfalto.