viernes, 31 de agosto de 2012

Ir a Somalia

Una periodista de AP, recién llegada de un viaje a Mogadiscio con las tropas de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), nos dijo una vez a una compañera de El Mundo y a mí que iba a publicar "un reportaje que iba a enfadar a mucha gente". "No va a dejar a nadie indiferente", nos decía la criaturica, mientras nosotros nos preguntábamos si lo estaba diciendo en serio. Estábamos flipando tanto que no tuvimos ni que preocuparnos en contenernos la risa: nos dejó pasmados.

Lo de ir a Somalia me recuerda bastante al ir a Corea del Norte por el que muchos corresponsales extranjeros suspiraban cuando estaba en Pekín. Parece como si ir a Somalia fuera un símbolo de estatus entre los periodistas de la zona. Así que ahora ya tengo un galón en la pechera. O algo.

Y, en realidad, se trata de algo que puede hacer cualquier plumilla que viva por estas latitudes. A mí me ha costado año y pico de dar la chapa a AMISOM, pero al final ha colado, porque la perseverancia siempre da frutos. La perseverancia, los dólares y algún contactillo.

sábado, 25 de agosto de 2012

Postales de Mogadiscio

Entre el 5 y el 9 de agosto, un grupo de corresponsales extranjeros estuvimos en Mogadiscio viendo lo que las tropas de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) nos quisieron enseñar. La experiencia dio para mucho y aún tengo material acumulado a paladas. Iré contando cosillas poco a poco, pero, de momento, dejo algunas imágenes.


miércoles, 11 de julio de 2012

Desenchufados

No pude contener una sonrisa. Estaba en la ajetreada calle William, en el centro de Kampala, y era el inicio del verano austral de 2010. La mueca de felicidad se me borraría unos días después, cuando un despiste tonto me iba a costar el pasaporte y unos cien dólares. Pero delante del improvisado chiringuito de recarga de móviles -una celda en la que apenas sí cabía una persona de pie- era imposible no soltar una carcajada. Expuestos, una veintena de cargadores de los que salían luces de todos los colores. Todas las marcas posibles. Incluso baterías sueltas, sin terminal, chupando electricidad de los ingenios más disparatados.

No tengo foto de aquel cubículo -el primero de ese tipo que vi en mi vida-, pero sirva esta imagen para hacerse una idea.


¿Cómo, si no, iban a poder cargarse los más de setecientos millones de móviles que hay en África, si tan sólo un treintaypocos por ciento de la población tiene electricidad en sus casas?

domingo, 1 de julio de 2012

Historias del fútbol (africano)

Ahora que tenemos a España eufórica con esto de la Eurocopa de fútbol (a pesar de que, sospechosamente al mismo tiempo de la semifinal, se anuncien medidas que nos desmontan el Estado de bienestar en un plis), quizá no sea mal momento para hablar de las venturas y desventuras del fútbol de esta parte del planeta. Además, el otro día me terminé Historias del calcio, de Enric González, y ando con ganas de contar batillitas balompédicas, que algún poso tuvo que dejar aquello de haber trabajado en la MAFIA FIFA. Y ambas circunstancias me sirven de perfecta excusa para dar salida a un post que lleva cogiendo ciberpolvo unos cuantos meses.

Llevamos décadas oyendo eso de que el fútbol africano está en ascenso, de que hay futuro en el balompié del continente (sobre futuro y esperanza en África hablaré en otra entrada, porque da para una tesis), pero el caso es que sus equipos no terminan de despegar. Individuos excepcionales, si es caso. Lo cual es extrapolable a ciertos aspectos de la vida cotidiana de algunas zonas.

miércoles, 13 de junio de 2012

¿Quién quiere ser presidente?

Ser millonario y ser presidente, en el fondo, viene a ser lo mismo en todo el mundo. Solo que, en un lugar como Kenia -en el que los contrastes entre los de arriba y los de abajo son tan abismales- la cosa tiene su intríngulis.

Millonarios quieren serlo muchos. Presidentes, algunos menos. Pero todos tienen claro que ser lo segundo conduce, indefectiblemente, a lo primero. Aquí no existen dudas de esas que hacían a Carlos Sobera arquear la ceja en el 50x15.

Antes o después tocaba entrar en el apasionante mundo de la política keniana, ya que asoman a lo lejos las elecciones presidenciales (y locales, legislativas, regionales...) en marzo de 2013. Y ese día, mira por dónde, ha sido hoy.

sábado, 19 de mayo de 2012

¿Alguna vez has visto llover?


Quizá recurrir a John Fogerty sea lo mejor para empezar.



¿Alguna vez has visto llover? ¿En serio?

Kenia, y los países que se encuentran en estas latitudes, no cuentan con estaciones totalmente diferenciadas, como tenemos en la buena y vieja Europa. Es lo que tiene que el Ecuador atraviese el país. Aquí hay temporada seca y temporada de lluvias, dos de cada. Así que de marzo a mayo y de octubre a diciembre, el país asiste (impotente, como se verá) a la temporada lluvias trombas de agua. La única forma que encuentro de explicar en lo que consisten es tomar la imagen de las tormentas de verano de Europa, solo que sin el aire caliente y eléctrico que las precede.

Imagine el lector una tormenta de verano a las cuatro de la tarde. Dos horas. Luego otra, a las ocho. Luego otra, toda la noche. Y así, un día, y al siguiente, y al de después también... Sí, la primera temporada de lluvias del año -las "lluvias largas", como lo llaman aquí- lleva unas semanas tocando la vaina. Esto sí que es una tormenta, y lo demás son tonterías. Y eso que en Nairobi no ha llovido-llovido en los últimos diez días. Pero, al retomarlo, lo ha hecho por todo lo alto.

viernes, 4 de mayo de 2012

El país de los avestruces




Para que cada visitante tenga claro adonde llega, un letrero lo recuerda a la salida del aeropuerto: "Bienvenido a Eldoret, hogar de los campeones".

De aquí proceden la mayoría de los más laureados corredores kenianos de media y larga distancia. Había leído historias sobre este tema en distintos medios, pero quería verlo con mis propios ojos: miles de atletas saliendo a correr cada mañana.

Así que, un día, resuelvo ir a Iten antes de que amanezca. Al principio no acierto a ver ninguno, y es sólo el ruido de sus pisadas el que me advierte de su presencia. No son ni las seis de la mañana.

Para llegar aquí a esta hora, el despertador me ha sonado a las cuatro y media. Como, históricamente, siempre me ha sentado mal madrugar los días de frío (estamos a 2.400 metros sobre el nivel de mar y llevo poco más que una sudadera vieja), me tengo que remangar los pantalones en un recodo del camino (por el que pasan los corredores) y plantar un baobab. ¿Ven como la vida del corresponsal tiene de todo menos glamour?