domingo, 25 de diciembre de 2011

El retorno de las mujeres violadoras

No lo puedo evitar: la actualidad surrealista del continente me tiene atrapado. Ahí va lo recopilado en los últimos meses, en la última dosis del año:

Las mujeres violadoras de Zimbabue contraatacan: (en castellano):
Tras un tiempo sin saber de ellas, las mujeres violadoras de Zimbabue han vuelto. Tres supuestas violadoras de hombres fueron detenidas, cuando la Policía encontró 31 preservativos usados en un asiento de un coche. Las señoras fueron a reclamarlos y los agentes sospecharon.

Al parecer, un estudio de la Universidad de Zimbabue descubrió que las violadoras tienen un negociete montado con empresarios, quienes preparan pócimas con el esperma de las víctimas, ya que creen que les hará tener éxito en sus finanzas.

Pero lo mejor es esto: "En marzo, un hombre fue violado en la ciudad occidental de Karoi por una motorista que le intimidó con una serpiente".

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Apuntes sobre Durban

No parece mal momento -ahora que Canadá ha confirmado oficialmente que se retira del Protocolo de Kioto- para mirar un poco hacia atrás y contar algo sobre lo acontecido en Durban (Sudáfrica), en la XVII cumbre de la ONU sobre Cambio climático.

No tengo ningún tipo de formación científica y lo que contaré serán sólo apuntes y dudas de lo visto/oído/aprendido en la ciudad sudafricana. Así que si el asunto del cambio climático te la trae al pairo, no sigas leyendo. Si te interesa mínimamente, lo mismo hasta encuentras algo de provecho en la morcilla que soltaré a continuación.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Ras



El Hotel Ras ("príncipe") de Adis Abeba tiene su historia. Aquí se alojaron Tito y Mandela cuando les iban mal las cosas en sus respectivos países. Y aquí se quedó en alguna visita a la capital etíope Kapuscinski, como él mismo relata en El Emperador. No soy especialmente mitómano, pero me apetecía ver la pinta que tenía el lugar. Bastante buena, por cierto.



viernes, 2 de diciembre de 2011

Axumlandia

En Axum, en el norte de Etiopía, casi en la frontera con Eritrea, hay un universo entero del que jamás había oído hablar hasta que puse rumbo a esta localidad. Allí se hallan las raíces de la Etiopía contemporánea. En esta ciudad -desconocida para el grueso de los farenji, orgullo de los etíopes- hubo un imperio que para algunos fue de los más avanzados de su época y una de las potencias comerciales entre los siglos I y VII después de Cristo, gracias al entonces importante puerto de Adulis. Abarcaba el norte del país, Eritrea y se extendía incluso al otro lado del mar Rojo, por la actual Yemen.


martes, 29 de noviembre de 2011

Axum y el Arca Perdida

El Arca de la Alianza, el cofre en el que Moisés recibió de dios los Diez Mandamientos en el monte Sinaí. De valor incalculable y poderes inimaginables. Tan sólo una persona, el guardián de Santa María de Sion, en la localidad septentrional etíope de Axum, puede verla. Y de cómo el resto de los mortales tienen que pagan cosa de 8 euros para entrar en un recinto piojoso y hacer como que se creen que el artefacto se encuentra en este edificio.


Etiopía, donde algunos dicen que se localizó el Reino de Saba, reclama para sí ser el hogar de la preciada reliquia.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Un safari alternativo

Ni leones, ni jirafas, ni ñúes, ni sabana. Las Montañas de Simiens -en el noroeste de Etiopía- esconden una gran variedad de fauna y flora endémica.

Como el lobo etíope, al que vi sólo en este cartel...

jueves, 24 de noviembre de 2011

La Comunidad del Anillo

No es necesaria una imaginación prodigiosa para asociar Etiopía con el universo que John Ronal Reuel Tolkien fabricó en la Tierra Media de El Señor de los Anillos. Gondar y sus castillos recuerdan sin esfuerzo al Gondor del filme (aún no me he leído el libro, confieso), Roha -el antiguo nombre de Lalibela- bien podría pasar por Rohan y el alfabeto ahmárico, sin un exceso de fantasía, trae a la mente las escrituras élficas. No me extrañaría (aunque lo desconozco por completo) que Tolkien hubiera pisado el país de Gebreselassie.

En tales pajas mentales me hallaba inmerso cuando me encaminé a las montañas de Simiens, en el noroeste etíope. Mi intención era pasar tres noches en sus cumbres, más de 3.000 metros por encima del nivel de un mar que no baña Etiopía por costado alguno.

Harto embarazoso resulta decir que, a tal propósito, un montañero cualquiera (bueno, en mi caso, dejémoslo en aficionado a la naturaleza) ha de contratar los servicios de un guía, un guardia armado, un cocinero y de un transportista con su mula, además de un conductor. La sensación burguesa de viajar con comparsa no deja de ser desagradable para un pelagatos del tamaño de un humilde servidor. Ante la imposibilidad de viajar solo (las normas del parque regulan la contratación de guía y scout) y de portar mi equipaje en los sinuosos senderos de las Simiens, no quedóme más remedio que, agencia local de viajes mediante, juntar a cinco gentilhombres y una mula y formar una peculiar camarilla, que bien podría ser la del anillo de ojalata.