martes, 28 de diciembre de 2010
Fin de año
Pero yo me quedo con la celebración de 50 años de la independencia de varios países. Como para la entrada anterior, echo mano de amigos para solucionar la papeleta. Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia, hizo una excelente serie sobre este tema. Quien quiera leerlos, dejo aquí los enlaces: Ghana (aunque se independizó en 1957, el primer país colonizado en el África subsahariana en obtenerlo), Senegal, Mali, Níger, Burkina Faso, Togo, Costa de Marfil (parte II), Benín (parte II), Nigeria y Mauritania. Lleva un tiempo, pero merece sobradamente la pena.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Un país bajo los Diez Mandamientos
Uno de los varios conflictos de los que no había oído hablar antes de llegar al este de África, y que ahora me resultan más atractivos (en términos informativos, digo) es el del cipote montado en Uganda y alrededores por el Ejército de la Resistencia del Señor, encabezado por Joseph Kony. Como tengo el día vago, voy a dejar que se encargue de explicar la historia el corresponsal de ABC en Nairobi, Eduardo Sánchez M.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
China en África (y II)
China no es un país democrático, por lo que no piden reformas en ese sentido a los países en los que invierten. No condicionan su ayuda a que el Gobierno del país de turno cambie esto o aquello. Sabido es que los chinos (el Ejecutivo, al menos) son de un puntilloso que no veas con las injerencias extranjeras, por lo que -teóricamente- no las practican en África. Claro que escarbando un poco se ve que tienen untados a muchos peces gordos de la zona para que les caigan contratos. Y otros beneficios de dudosa legalidad, como permisos especiales de circulación.
Contratos que, de todos modos, les llueven, porque desde que el Banco Mundial (creo recordar que fue el BM y no el FMI) normalizó las licitaciones públicas, el país asiático gana los concursos por goleada. Mientras las empresas occidentales prefieren alojar a sus trabajadores en urbanizaciones, los chinos duermen en campamentos de mierda, con lo que revientan los costes. Una misma obra puede costar 200 millones de dólares si la realiza una empresa israelí o francesa, o la mitad, si la hacen los chinos, me contaba el otro día en Kampala el portavoz de la Autoridad Nacional de Carreteras de Uganda.
¿Integración con los locales? Por lo visto, preguntado e indagado, nada de nada. Se comunican por lenguaje de signos porque casi ninguno sabe inglés. Ni a los chinos les gusta la comida local, ni a los africanos la comida china, y pasa lo mismo con la música. O con las mujeres. ¿Os gustan las africanas? "¡No! ¡Sólo las chinas!", se apresuraron a decirme la semana pasada unos ingenieros chinos en una obra.
En fin, que es cuestión de dinero y punto. La conclusión general me la podía imaginar, pero por el camino me he encontrado con una serie de puntos interesantes. Como que las empresas chinas importan sus propios trabajadores (algunos de los cuales son prisioneros). Este factor hace que la población local tenga carreteras baratas, pero no trabajo, con lo cual no podrán comprarse un vehículo con el que desplazarse por ellas. China, mientras tanto, crea empleo y riqueza.
El tema, de verdad de la buena, es una auténtica mina.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Suajili, de dos en dos
Chapa chapa: mucho.
Chapu chapu: ¡deprisa!
Hivyo hivyo: así, de esta manera.
Juzijuzi: hace tres días (sí, tienen palabro para eso).
Pikipiki o boda boda: moto.
Pilipili: picante.
Rojorojo: pastoso.
Rugaruga: mensajero.
Takataka: basura (y eso que -taka es la raíz del verbo querer).
Seguro que hay una infinidad más; esas son sólo con las que me he topado hasta el momento, no es que me esté estudiando el diccionario. O al menos aún no.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Por las malas
Volviendo a lo nuestro: los resultados electorales de los comicios marfileños dieron la victoria a Alassane Ouattara, pero el hasta ahora presidente, Laurent Gbagbo, se niega a dejar el poder, algo que ya le ha pedido en repetidas ocasiones la comunidad internacional. Sólo en la manifestación de ayer para que Gbagbo se bajara del burro hubo al menos 32 muertos. Para hoy están previstas nuevas manifestaciones.
martes, 14 de diciembre de 2010
Propaganda electoral
domingo, 12 de diciembre de 2010
A un mes escaso
* Por no crear etiquetas infinitas, englobo el referendo como elecciones. "Votaciones" siempre me sonó peor.
viernes, 10 de diciembre de 2010
¿El último rey de Irlanda?
El doctor Clarke se presenta a la alcaldía del distrito de Makindye (en el que viven 400.000 personas), en las afueras de Kampala, en las próximas elecciones previstas para el 20 de febrero. Y tiene posibilidades de ganar. Es como si un ecuatoguineano optara al sillón del Ayuntamiento de Zaragoza, más o menos.
Es un personaje. Primera perla: "'Si en Estados Unidos ha salido elegido Obama, ¿por qué no podemos tener como alcalde a un blanco?', comentan en Makindye. Creo que han visto la labor social que llevo hecha en 22 años y creen que puedo mejorar la zona". Más tarde se confesará seguidor incondicional del actual inquilino de la Casa Blanca.
La historia recuerda, salvando las distancias, a El último rey de Escocia, en la que un médico recién licenciado se marcha a Uganda para encontrarse a sí mismo y con lo que se encuentra en realidad es con la confianza del dictador Idi Amin. Tengo pasión por las noticias chorras y no he podido dejarla pasar.
Hay tiempo para una joya más:
- Elegí la bicicleta [de paseo] como símbolo en el cartel electoral porque para mí representa el desarrollo sostenible.
- Pero señor Clarke, Kampala está construida sobre siete colinas. ¿Ve futuro en la bicicleta como medio de transporte limpio en la ciudad?
- Ya... es cierto... ¡pero hay gente que tiene bici de montaña!
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Apadrina un corredor
lunes, 6 de diciembre de 2010
Huelga de sexo
Sobre el mismo tema:
Activistas piden unas elecciones limpias en Uganda
Lo sorprendente sería que prefirieran un pucherazo, pero estando donde estamos, esto es noticiable.
Las cifras, no obstante, no son para echarse unas risas: en algunas zonas del norte de Kenia la media de preservativos por persona y año es de 1,65. Qué orgulloso que estaría el Papa.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Kofi
viernes, 3 de diciembre de 2010
Verdades
Habemus resultados
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Suajili para principiantes
domingo, 28 de noviembre de 2010
Otros ojos

Llevaba un par meses persiguiendo a Douglas Namale [el del medio -de Los Chichos-], hasta que nos conocimos el lunes pasado. Es el editor del Kibera Journal, el periódico del mayor asentamiento chabolista de Nairobi y que trata de ofrecer una visión más completa del barrio que la que tienen los grandes medios. Un rotativo de periodicidad un tanto aleatoria, pero que -dice- contribuye poco a poco a mejorar la vida de los vecinos.
La historia sigue aquí>>
jueves, 25 de noviembre de 2010
Postales tanzanas
martes, 23 de noviembre de 2010
Como quien habla del tiempo
El tipo de la derecha es Xavier Aldekoa, corresponsal de La Vanguardia para el África Subsahariana. El de la izquierda es Fozi, nuestro traductor etíope. Estamos de nuevo en Eastleigh, el barrio somalí de Nairobi. Intentamos que alguien nos cuente lo que todo el mundo sabe pero nadie nos piensa decir: que el dinero de las fianzas pagadas a los piratas se lava en los negocios que sus compatriotas tienen aquí. Y que hay hombres de negocios que financian a Al-Shabaab con los duros que ganan en el barrio. Xavi le pregunta por un sistema de transferencia de dinero sometido a muy poco control, hawala, y Fozi nos dice que puede ser que haya algo a través de eso. Un periodista somalí nos lo desmentirá más tarde.
- Bueno, que te estamos bombardeando a preguntas -le digo- Cuéntanos algo sobre ti.
En Etiopía le acusaron de financiar una guerrilla, razón por la que pasó cuatro años encarcelado, y escapó a Nairobi, donde lleva once viviendo. Ahora tiene una vida más o menos tranquila trabajando de traductor para una ONG.
Le pido que nos hable de su familia, de su mujer. Ella escapó de Etiopía hacia Yibuti. Luego atravesó Somalia para volver a reunirse con él en Kenia, en 2006, después de años de separación. "Fue el momento más feliz de mi vida", nos confiesa.
- ¿Has dicho que tenías un hijo, no?
- Sí, tiene nueve años... Bueno, no es mío, pero lo considero mío. Lo tuvo mi mujer cuando la violaron los soldados...
sábado, 20 de noviembre de 2010
Otra vuelta de tuerca
También una charla con una amiga china, Laura Li, en Pekín. Yo le decía que me apenaba que abrazaran el capitalismo salvaje y que eso llevara, por ejemplo, a la destrucción de los evocadores hutongs pequineses en beneficio de rascacielos vomitivos. Laura, con una lógica aplastante, me repondía que me dejara de gilipolleces, que ella había vivido hasta hacía poco en estos callejones y que también quería tener un baño privado dentro de su casa, entre otras muchas cosas, como tenemos en occidente.
Hace tiempo traduje, para aquellos amigos con los que charlaba sobre desarrollo sostenible y multiculturalidad, un extracto del libro de citaba al principio del post, La fine è il mio inizio, de Tiziano Terzani (a quien Daniel Iriarte homenajeó de manera magistral en su genial blog). Se trata de la conversación entre el padre, treinta años de corresponsal en Asia y a punto de morir de cáncer, y su hijo Folco. Quizá cuando lo leáis se entienda todo este mejunje un poco mejor.
*Las cursivas son aclaraciones, texto original y/o traducciones aproximadas.
TIZIANO: […] Folco, créeme, después de Mustang [un puesto perdido del Himalaya tibetano], Birmania es hoy el último oasis de Asia, uno de los últimos países que ha mantenido su carácter. Los birmanos no fuman Marlboro –está prohibido importarlo- pero con su tabaco se fabrican sus cheroot; no llevan vaqueros, sino sus longyi.
FOLCO: ¿Aún hoy?
TIZIANO: ¡Oh, sí! No usan crema Nivea, sino la pasta de madera de sándalo. Tú por la tarde en las calles de Rangún ves aquellas hermosas mujeres que disuelven un polvo finísimo de sándalo con un poco de agua y ponen esa crema en la cara de los niños para protegerles de las moscas. Y su piel está sanísima. Viven una vida lenta, tranquila.
Hay una historia que disfruto contando. La de Bernardo Valli, que cuando era joven consiguió por fin una entrevista con el dictador de Portugal, que se llamaba Salazar. Mientras esperaba en la sala, un viejo secretario […] le dice: “¿Usted también ha venido a entrevistar al presidente para atacarle?”. Bernardo baja la cabeza, el otro le mira, le señala la cara con el dedo y dice: “¡Recuerde que el presidente está protegiendo a Portugal de su futuro!”
¿Entiendes? Los militares birmanos hacen lo mismo. Birmania está dirigida por un régimen espantoso, de militares horribles, que yo siempre he condenado. […]
Lo interesante es que, desde hace 20 ó 30 años, la comunidad internacional […] ha hecho de todo para que este régimen cambiara y se volviera democrático. Además hay un personaje extraordinario a cargo del movimiento democrático, Aung San Suu Kyi, a la cual, con las típicas maniobras político-oportunistas le han dado el Premio Nobel de la Paz. Es una mujer estupenda, muy valiente, hija del héroe de la guerra de la independencia birmana contra los japoneses. Una gran heroína con el padre asesinado, como suele pasar. La contraposición es entre esos militares asesinos y esta sílfide, desde hace años en arresto domiciliario.
Bien, así es como se ve esta historia. Pero ¿qué hay detrás? Hay intereses de las grandes empresas petrolíferas que esperan entrar en el país, porque por Birmania pasa el petróleo; y hay miles de japoneses que quieren desarrollar el país, con hoteles de cinco estrellas, calles, barquitas que naveguen sobre el lago Inle, y ampliar el aeropuerto para llevar turistas. Y si mañana, bajo presiones occidentales, este régimen -que terminará pasando- cae y la señora Aung San Suu Kyi llega al poder, Birmania acabará siendo como Tailandia: putas, casinos, beneficios – tum, tum, tum! Marlboro, Coca-Cola y pantalones vaqueros.
Entonces, la pregunta de uno que no se casa con ninguna ideología, que llega a mi edad y mira alrededor es: ¿dónde está la solución? ¿Qué prefieres, que ganen los militares? ¡No! ¿Cómo puedes quererlo?¿Prefieres que gane ella? Si gana, Birmania está acabada en pocos meses. Llegan los rascacielos de cemento… ¿Qué se puede hacer, Folco? ¿Ves el problema? ¿De parte de quién estás?
FOLCO: ¿Y tú?
TIZIANO: ¿Quién puede estar de parte de los militares? No se puede. Pero haría falta que se les advirtiera de lo que pasará el día en que Birmania sea liberada. Yo me pregunto: ¿se puede ser libre y mantener la belleza del mundo, que está en su diversidad?
FOLCO: Interesante.
TIZIANO: Es una pregunta honesta, a la que no se puede sólo responder: “No, es imposible”. Yo creo que hace falta pensarla. Hace falta cambiar de criterio, de valores, no nos agarremos a nuestra codicia y tengamos más respeto por las cosas de los demás. Este es el punto principal. Si miras a los otros pueblos con respeto, como si de verdad fueran iguales a ti –incluso si tú puedes curar el tracoma y ellos no [en Mustang, el sitio del que habla al inicio, cuenta que hay niños con tracoma]- te das cuenta de que quizá tengas muchas cosas que aprender de ellos. Tú curas el tracoma, pero ellos te curan otras cosas. El tracoma, Folco, lo tienen también en India, y la perversión es que nosotros vamos allí con misioneros que hacen un hospital. Luego les bautizan, les ponen la faldita, les hacen hacer la señal de la cruz y al final ya nos son indios, sino testigos de Jehová. Vamos ahora con los chinos [...pone otro ejemplo más gracioso con los chinos]. ¿Qué es lo que me desespera? El final de la biodiversidad, que dejen de ser “manzanas de membrillo" [en italiano se dice así]. Queremos todas las manzanas iguales, redondas, grandes, brillantes, y así eliminamos la diversidad, que es el fundamento de la vida. […] Para mí, la riqueza de la Humanidad está en su variedad. Por ejemplo, los tuareg, ¿para qué quieres que lleven calzoncillos? ¡Dejadles ser tuareg!
¿Se puede dejar a los demás con sus valores, ayudarles a curarse el tracoma y pedirles que nos ayuden a curarnos de otra enfermedad más devastadora, que es nuestra infelicidad? […]
FOLCO: El rey de Mustang sólo quiere conservar la vida tradicional, ¿no? Solo que su proyecto se tuerce por el hecho de que la gente…
TIZIANO: …está inexorablemente atraída por lo moderno, lo nuevo. Sus súbditos van a caballo a Katmandú y ven esa ciudad llena de turistas. Ven dinero, mercados, tenderetes llenos de medicinas amarillas, rojas o azules, en vez de las hierbas de Amji [el médico del reino] […]
FOLCO: […] Una noche, en un pequeño pueblo de India vi que la gente se reunía no porque había una televisión, sino porque de tierras lejanas había llegado un sadhu errante, curandero, trovador y cuentacuentos.
TIZIANO: Bello! La pregunta es: ¿y hasta cuándo? Esto y esto otro que está desapareciendo en Asia […] Y por otra parte, no puedes ser insensible a las críticas que te dicen “Ah, tú eres un romántico, tú no tienes tracoma. Vuelves a casa y tienes penicilina y de todo”. ¿Cómo puedes decir “no”? Esto también es cierto. Y, sin embargo, mira nuestra vida. No es más feliz que la de la gente de Mustang.
¿Dónde está el camino del medio, entonces? ¿Es indispensable que para curar el tracoma se tenga que reducir ese lugar fascinante a un jaleo de tenderetes en el que las mujeres, que ahora encienden el fuego con excrementos de vaca recogidos por la mañana, cosan deportivas a máquina –tata-tata-tata! para comprarse una televisión con la que ver Gran Hermano? ¿Dónde está la solución? De nuevo me pregunto: ¿es posible salvar la belleza del mundo, que es su diversidad? Es un punto vital para mí, ¿me entiendes?
Si a quienes hayan llegado hasta aquí les quedan ganas de leerse el libro, me doy por satisfecho.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Dudas
La mujer que limpia mi casa cobra apenas 30 euros por 64 horas al mes. La cuenta es rápida: menos de 50 céntimos la hora. Janet -que así se llama- vive en Kibera, del que se dice que es el mayor asentamiento chabolista de África. Cuando viene a casa, lunes y jueves, aprovecha para ducharse y prepararse un té. Pero además se toma algunas libertades más. Un día cualquiera, faltan un plátano, una zanahoria, un rollo de papel higiénico y un cartón de leche. ¿Es un drama? No, pero me jode que me roben. Le explico que si necesita ayuda, que no se avergüence y nos la pida, pero que no nos mangue las cosas. A ella parece abochornarle igualmente. A mí también.
El domingo pasado acompañé a unos amigos de TeleSur a hacer un reportaje en Eastleigh, el barrio somalí de Nairobi. Sobre refugiados. Así que hablamos con varias personas, refugiados reconocidos por ACNUR. Y otras tantas que querían hablar y que no pudieron porque no nos daba tiempo. Un huérfano somalí de 17 años nos dijo que vino a Nairobi porque en su país tenía la opción de alistarse en Al-Shabaab o huir. Un señor nos contó que no podía escolarizar a sus cinco hijos porque no tenía dinero con el que hacerlo, y que la agencia de la ONU no alcanza para ayudar a todos los que corren su misma [puta y mala] suerte. Una señora me pregunta, a través del traductor, que cómo les va a ayudar lo que estamos haciendo. Y eso mismo me pregunto yo. Le respondo que en nuestros países nadie conoce de su existencia, de sus problemas, y que quizá dándoles voz alguien se digne a hacer algo. Pero sé que no va a ser así.
Acabamos de grabar y nos montamos en el taxi que nos llevará de vuelta al centro. Los tres estamos tocados por lo que acabamos de ver y escuchar. Pero, a los dos minutos, ya estamos hablando sobre dónde ir a comer...
Sé que algún día volveré a Eastleigh y a Kibera a hacer fotos que luego colgaré aquí. Y después, probablemente, quedaré a comer con mis amigos. Me preocuparé, pero pronto se me olvidará. Y eso, creo, es para hacérselo mirar.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
¡Olé! ¡Paella! ¡Torero!

* Mi maltrecha cabeza no da para mucho más después de que en los últimos dos días en Nairobi haya pasado semejante melocotón.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Mundo móvil
En China, el móvil era el nuevo dueño que había absorbido millones de cerebros: una cajera del súper te dejaba desatendido porque le sonaba la melodía, mismo motivo por el que un taxista te dejaba de escuchar darle la dirección a la que dirigirse o un amigo interrumpía la charla. Era la expresión máxima del atontamiento movilizador a la que jamás he asistido.
En mi mini-rebeldía romántico-tradicional, no dejo que mi teléfono me quite ni un minuto de sueño (lo apago siempre mientras duermo) y procuro olvidármelo en casa con la frecuencia que el trabajo me permite.
Y sin embargo, ya no llevo reloj, ni tengo que preocuparme del despertador. O calculadora, o reproductor de música. A veces incluso lo utilizo como dispositivo para ver el correo electrónico o como cámara de fotos. Es evidente que dentro de menos de lo que pensamos ya no harán falta ni ordenadores como el que uso en estos momentos.
En África -al menos en las partes que llevo vistas-, casi cualquier persona, incluso las de más baja capacidad adquisitiva, tiene su móvil. Precisamente por eso, puede suponer la herramienta para salvar las barreras que las infraestructuras tradicionales aún no han podido derribar.
Está, por ejemplo, el revolucionario servicio M-Pesa (literalmente, "dinero móvil" en suajili), de la compañía keniana Safaricom, que permite el envío de dinero a través de la red de telefonía. Hace poco leí sobre un proyecto de escolarización vía móvil (cuyo enlace no encuentro ahora mismo).
Y pese a que la electricidad no llega a muchos rincones del continente, ya se las saben apañar ellos para recargar la batería de los modos más originales... Pero de eso ya hablaremos otro día.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Tiempo de aguaceros
Cuando cesa, miles de insectos toman las calles. Son una especie de termitas aladas llamadas guya en la lengua kikuyu. Tienen esta pinta y los indígenas, me aseguran, se las comen sin pestañear.
Pero a pesar de los diversos inconvenientes de las lluvias (multiplica los atascos por cinco, te embarras a la mínima, bichos invasores...), la ciudad se ve más verde y fresca. En el fondo, yo también bendigo estas lluvias...
miércoles, 10 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
El día del señor
Domingo, diez de la mañana. Como cada semana, en la iglesia cercana a mi casa hay reunión. Lo que debía ser música celestial es más bien un cóctel de gallos con más voluntad que vocación. Dicen que para la resaca es lo mejor. Al menos no son los Adventistas del Séptimo Día, que regalan berridos apocalípticos a quienes osan acercarse a sus dominios.
El aeropuerto de Nairobi lleva el nombre del primer presidente del país, Jomo Kenyatta, así como el rascacielos más característico de la capital, por no hablar de la universidad, la avenida principal o de su efigie en el reverso de todos los billetes y monedas locales. Pero da la sensación de ser un símbolo vacío. Pocos parecen recordar aquello -que, en cierto modo, me hace pensar en Marx- que el padre de la nación keniana (católico él, por cierto) dijo en una ocasión...
Cuando vinieron los misioneros, nosotros teníamos la tierra y ellos, la Biblia. Nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados. Cuando los abrimos, ellos tenían la tierra y nosotros, la Biblia.Pues eso.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Elecciones en Tanzania (et VI)
A partir de ahora, retomaré la normalidad... que me salen las elecciones tanzanas por las orejas.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Elecciones en Tanzania (V)
martes, 2 de noviembre de 2010
Elecciones en Tanzania (IV)
Según los observadores internacionales, son incidentes aislados, aunque sí creen que se puede montar si se retrasa la fecha de anuncio de los resultados (la comisión electoral tanzana los espera este viernes).
Por el momento, todo parece marchar bajo lo previsto: el presidente tanzano se destaca ya desde los primeros sondeos, como indicaban las encuestas. Este es un país tan informativamente tranquilo, que dudo mucho que haya movida seria.
Claro que también puede ser que haga click en publicar entrada y aquí empiecen a matarse...
lunes, 1 de noviembre de 2010
Elecciones en Tanzania (III)
Mientras tanto, en el que iba a ser mi destino africano...
...tampoco sucedió absolutamente nada.
sábado, 30 de octubre de 2010
Elecciones en Tanzania (II)
viernes, 29 de octubre de 2010
Elecciones en Tanzania (I)
martes, 26 de octubre de 2010
China en África (I)

* El título de esta entrada es el mismo que el que se le dio a la traducción española de La Chinafrique. Me traje el libro de España al venir y aún lo tengo aparcado en la estantería. La segunda parte de esta entrada llegará cuando encuentre el tiempo suficiente para leerlo.
lunes, 25 de octubre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
Malindi
Aquí los negros hablan en la lengua de Dante y Berlusconi, el habitual jambo se cambia por ciao y en lugar de hey, boss! se opta por hey, capo! Las tiendas anuncian con grandes letras la venta de mozzarella y los reclamos de muchos de los negocios parecen orientados en exclusiva a los nuevos dueños de la ciudad. La pizza y la pasta, además, superan con creces las expectativas.
jueves, 21 de octubre de 2010
El Índico

Vengo de darme un baño en el Índico después de un día de trabajo interminable. Mientras me sacudía la arena de los pies, con una sonrisa que me daba la vuelta a la cara, me he acordado de un texto que escribió hace tiempo mi compañero de profesión (y, sin embargo, amigo) Daniel Iriarte para la publicación del colegio mayor en el que nos conocimos. Han pasado cuatro años y medio desde entonces y, aún hoy, no le cambiaría ni una coma:
Veamos: a menudo los que vamos por la vida de aventureros tragasables somos los más intolerantes. Cuántas veces he oído comentarios despectivos hacia uno “que no ha salido de casa en su vida”. Señores, salir de casa no garantiza nada. Todos conocemos personas que viajan a menudo, pero a las que no se les mueve ni un tornillo de la cabeza por lejos que estén. Y lo malo es que, precisamente por eso, se creen los más abiertos y cosmopolitas. Así que descartemos la apertura de miras como motivo para viajar, porque eso no se puede forzar (decía el sabio coñón: “un turista es aquel que viaja diez mil kilómetros para confirmar sus prejuicios”).
¿El placer estético? Existe, al contemplar un mercado africano o un desierto. Pero también ante un Rodín, una película de Kurosawa o una bella camarera. Ergo, no es necesario viajar para sentirlo.
¿Independencia, aprendizaje, sabiduría? Son buenos motivos: aprender a moverse por el mundo aumenta la autoconfianza, es indudable; pero más lo hace tu primer trabajo remunerado (que es, por cierto, donde a uno le sale la barba). ¿Se aprende viajando? Claro: no todo está en los libros, ni siquiera en Internet. Y además, lo mejor de todo, es que uno se lo pasa de miedo mientras aprende. Aunque, como vengo diciendo, hace falta un espíritu determinado para que un viaje sea verdaderamente productivo.
Lo que intento decir es que viajar no es un cheque que certifique la sabiduría. Puede ayudarnos a ser un poco más respetuosos, tener mayor capacidad de comprensión de las complejidades del mundo al haber aprendido que no todo se reduce a nuestro entorno; puede inspirarnos para ser más creativos, ayudar a que nos pasen cosas más interesantes, porque estamos más abiertos a ello. Pero el proceso mental que se produce en nosotros no es diferente al de cambiar de trabajo o de ciudad o conocer a una persona fascinante. Lo bueno, lo verdaderamente fantástico, es que en un viaje nos pasan todas esas cosas al mismo tiempo, así que, ¿por qué no hacerlo?
Si hoy me volviese a hacer la pregunta, probablemente sería más humilde en mi respuesta: diría “porque me gusta”, como los niños pequeños. Porque lo único que sé es que, a veces, cuando mis botas estaban enterradas en la arena y la gente a mi alrededor gritaba en lenguas extranjeras, las cosas tenían sentido. Por eso nunca lo dejé.
miércoles, 20 de octubre de 2010
La jungla cotidiana





Quedas a comer en el



