“Dos whiskys on the rocks”. Son las diez de la noche de un sábado y Mark recibe la misma petición por segunda vez. Se gira al rincón donde tiene las pócimas, prepara las bebidas y las sirve. El cliente es un hombre blanco en la cuarentena que trabaja en una organización humanitaria en Tacloban, la ciudad más afectada por el tifón Haiyán. Hoy hace un año que se llevó casi 3.000 vidas allí; más de 6.500 en toda Filipinas.





